Una burla, bono de un millón a diputados:PT
*A pesar de ser la LX legislatura más improductivas
El cinismo que hacen gala los actuales diputados locales no tiene parangón. Intentar asignarse un millón de pesos como “bono de retiro” es una nueva burla para los veracruzanos.
Debemos recordar que la LX Legislatura de Veracruz ha sido una de las más improductivas en materia legislativa. En Tres años, los señores diputados fueron incapaces de elaborar las leyes secundarias que hagan operativa la Constitución local reformada en el sexenio pasado. Por el contrario, las dos principales fuerzas con representación en el Congreso, utilizaron a esta soberanía para mostrar a los veracruzanos que la rapacidad no tiene distingo ni filiación política.
Los priistas iniciaron su trabajo legislativo, comprando conciencias de mercaderes de la política para crearse una mayoría artificial. Todavía nos deben una explicación los diputados que, de la noche a la mañana, renunciaron a las siglas partidistas con las que accedieron a esa representación para irse a la trastienda del partido en el gobierno.
Por su parte los panistas demostraron para qué quieren el poder: para dar chamba a sus incondicionales y despacharse los recursos discrecionalmente.
Del PRD y Convergencia pues solos acreditan su trabajo. Los primeros no pasaron de ser una oposición testimonial. Presidieron el primer año de ejercicio constitucional sin mayor merito que el ser los terceros en discordia. Sin embargo, dicha presidencia estuvo maniatada por las dos fuerzas mayoritarias y la tibieza de quien tuvo esa responsabilidad.
Del segundo partido, pues es de todos conocidos que hasta sin representante se quedaron al final. El oportunismo y la ambición de poder fueron el sello que caracterizó a esa representante que tuvo Convergencia.
El Partido del Trabajo considera que antes de asignarse “premios” económicos, los legisladores deberían pedir disculpas a sus militancias y perdón al pueblo de Veracruz por la mediocridad con la que desempeñaron sus responsabilidades. La prensa veracruzana es fiel testigo del trabajo directo que hicieron estos diputados. Podemos contar con los dedos de la mano (y nos sobrarían) a los legisladores que utilizaron la tribuna, que asistieron a todas las reuniones de trabajo de las comisiones permanentes, de los que asistieron puntualmente todas las sesiones del pleno y, desde luego, aquellos que por dignidad o por falta de oportunidades, se quedaron a cumplir su ejercicio sin buscar alguna presidencia municipal. Muchos de estos “chapulines” de la política han regresado por su fuero y por su bono económico.
Habrá que hacer un balance cuidadoso y puntual del trabajo de cada uno de los 50 diputados que integraron la sexagésima legislatura. Y aun así, aquellos que medianamente hicieron algo por los veracruzanos, debemos recordarles que ya cobraron su trabajo. Que para eso se les pagó con recursos provenientes de nuestros impuestos. Que ya no pidan más y, sobre todo, por ética y moral, que hagan público su patrimonio. Saber con qué entraron y con qué se retiran. Ese gesto, mucho se lo agradeceríamos.
Debemos recordar que la LX Legislatura de Veracruz ha sido una de las más improductivas en materia legislativa. En Tres años, los señores diputados fueron incapaces de elaborar las leyes secundarias que hagan operativa la Constitución local reformada en el sexenio pasado. Por el contrario, las dos principales fuerzas con representación en el Congreso, utilizaron a esta soberanía para mostrar a los veracruzanos que la rapacidad no tiene distingo ni filiación política.
Los priistas iniciaron su trabajo legislativo, comprando conciencias de mercaderes de la política para crearse una mayoría artificial. Todavía nos deben una explicación los diputados que, de la noche a la mañana, renunciaron a las siglas partidistas con las que accedieron a esa representación para irse a la trastienda del partido en el gobierno.
Por su parte los panistas demostraron para qué quieren el poder: para dar chamba a sus incondicionales y despacharse los recursos discrecionalmente.
Del PRD y Convergencia pues solos acreditan su trabajo. Los primeros no pasaron de ser una oposición testimonial. Presidieron el primer año de ejercicio constitucional sin mayor merito que el ser los terceros en discordia. Sin embargo, dicha presidencia estuvo maniatada por las dos fuerzas mayoritarias y la tibieza de quien tuvo esa responsabilidad.
Del segundo partido, pues es de todos conocidos que hasta sin representante se quedaron al final. El oportunismo y la ambición de poder fueron el sello que caracterizó a esa representante que tuvo Convergencia.
El Partido del Trabajo considera que antes de asignarse “premios” económicos, los legisladores deberían pedir disculpas a sus militancias y perdón al pueblo de Veracruz por la mediocridad con la que desempeñaron sus responsabilidades. La prensa veracruzana es fiel testigo del trabajo directo que hicieron estos diputados. Podemos contar con los dedos de la mano (y nos sobrarían) a los legisladores que utilizaron la tribuna, que asistieron a todas las reuniones de trabajo de las comisiones permanentes, de los que asistieron puntualmente todas las sesiones del pleno y, desde luego, aquellos que por dignidad o por falta de oportunidades, se quedaron a cumplir su ejercicio sin buscar alguna presidencia municipal. Muchos de estos “chapulines” de la política han regresado por su fuero y por su bono económico.
Habrá que hacer un balance cuidadoso y puntual del trabajo de cada uno de los 50 diputados que integraron la sexagésima legislatura. Y aun así, aquellos que medianamente hicieron algo por los veracruzanos, debemos recordarles que ya cobraron su trabajo. Que para eso se les pagó con recursos provenientes de nuestros impuestos. Que ya no pidan más y, sobre todo, por ética y moral, que hagan público su patrimonio. Saber con qué entraron y con qué se retiran. Ese gesto, mucho se lo agradeceríamos.