Un país maquillado
Por Helí Herrera Hernández.
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Los gobiernos Federal y Estatales están empeñados en dar una imagen al mundo de
un México pacifico, emprendedor, propicio para el turismo y las inversiones,
buscando contrarrestar las malas notas que organizaciones internacionales y
entidades públicas últimamente han dado a nuestro país.
Llevan
años tratando de mostrar una nación que vive en paz, en concordia, seguro para
todos aquellos que nos quieran visitar y, desde luego, para los capitalistas
que deseen hacer negocios en tierra azteca, asegurándoles hoy no solo mano de
obra barata calificada, exención de impuestos y otros alicientes fiscales, sino
un clima favorable para multiplicar su dinero.
Sin
embargo la realidad que vivimos acá dista mucho del discurso oficial, de sus
buenos propósitos y augurios dado que los índices de criminalidad en lugar de
disminuir van en aumento; los secuestros y extorsiones por más que el aparato
gubernamental y los medios de comunicación tratan de ocultarlos crecen; los
robos a casas habitación y de vehículos así como las violaciones superan las
estadísticas anteriores y el desempleo, la pobreza, hambruna y falta de
liquidez cada semana y cada mes crecen ante la ceguera del INEGI y los altos
mandos políticos de este país.
Como Joseph
Goebbels una y otra vez, un día si y al otro también, las autoridades federales
y locales niegan las denuncias de un México violento que gobiernos europeos y
americanos señalan, recomendando inclusive a sus connacionales, a no visitar determinados Estados de la
República Mexicana por la inseguridad en que se vive, y a mirar con escepticismo
las cuentas alegres que las autoridades hacendarias dan a conocer como si acá
no pasara nada.
Estas
vacaciones religiosas son propicias para observar el despliegue publicitario
ejercido tanto por el titular del poder ejecutivo federal y estatal, remachando
que la ocupación hotelera en los principales destinos turísticos de Cancún,
Acapulco, Puerto Vallarta, Los Cabos,
y el Puerto de Veracruz etc,
están abarrotados, que la ocupación hotelera esta entre un 90 y 95% y por ende,
el flujo económico reactiva la economía de todas esas regiones. O lo que es lo
mismo, en México no pasa nada
El
Presidente Peña Nieto y su secretario de Hacienda aprovechan cualquier tribuna
para dar a conocer las cifras macroeconómicas de México como anzuelo para que capitales extranjeros
lleguen a nuestro país a generar trabajo (aunque sea mal pagado), pero nada
dicen del ascenso del narcotráfico, de sus secuelas, a tal grado que hoy es la
principal fuente generadora de empleos más, mucho más que los creados por el
gobierno y/o las empresas nacionales y extranjeras que operan en esta nación.
Si de
dineros se trata advertimos que la principal fuente de ingresos del gobierno
federal es PEMEX y que su producción año con año va en declive y no por
inoperancia de esa industria paraestatal que es un éxito y genera ganancias
extraordinarias (vea mi artículo publicado en este mismo espacio titulado
PEMEX: ¿PESOS O IDEOLOGÍAS?), sino porque los pozos se están secando.
Las remesas de
dinero que nuestros connacionales que laboran en Los Estados Unidos de
Norteamérica envían a México es la
segunda fuente de divisas y va en declive. Según cifras del Banco de México
desde el año 1990 los flujos aumentaron constantemente teniendo como pico
histórico 2007 que alcanzaron los 26 mil millones de dólares, para disminuir en
2008 a 25 mil 145 millones de dólares (-3.60%), en 2009 se situaron en 21 mil
181 millones de dólares (-15.73%), 19 mil 506 millones de dólares en 2010
(-0.59%), y así sucesivamente, debido, según la misma fuente, a que nuestros
paisanos cada vez más optan por llevarse sus familiares allá que mantenerlos
por acá.
Hoy hay que
reconocer que es “la industria del narcotráfico” la tercer fuente de ingresos
de nuestro país alcanzando sumas que oscilan entre los 25 mil y 40 mil millones
de dólares. Empero el costo que el país y sus habitantes están pagando por ello
es indescriptible no solo por el dolor humano, sino por las secuelas que en
otras actividades económicas afecta, como el sector turismo, agropecuario,
financiero, etc, que se están derrumbando.
México no esta bien
y lo sabemos nosotros que resentimos los efectos de políticas públicas
microeconómicas impulsadas por los que tratan de maquillar esta nación. La inseguridad,
el desempleo, la depauperización de las masas sociales y la concentración de la
riqueza cada vez mayor en menos manos es el perfil del México actual por más
que las autoridades federales y estatales lo quieran ocultar.
Podrán decir lo
contrario a través de los medios de comunicación, en el discurso diario, pero
lo cierto es que están jugando con fuego todos los días sin observar que el
incendio puede estallar en cualquier momento.