TIERRA DE BABEL
Jorge
Arturo Rodríguez
Bien, está claro
que pronto mi gobernador Javier Duarte de Ochoa presentará al Congreso de
Veracruz la nueva Ley Estatal de Protección Civil para la Reducción de Riesgos
de Desastres, producto de la colaboración entre los Poderes Legislativo,
Ejecutivo y la ciudadanía.
En la clausura de los Foros de Consulta
realizado en toda la entidad para recoger las propuestas de los ciudadanos, el
mandatario estatal expresó que “será una iniciativa de ley resultado de una
coordinación efectiva entre legisladores, auténticos representantes populares,
municipios y el Gobierno del Estado, incorporando la visión de la sociedad, con
toda la diversidad que ello entraña”.
Y agregó: “Juntos, nos encaminamos
hacia una nueva Ley de Protección Civil donde la gestión integral de riesgos
sea una genuina política preventiva. Ése fue mi compromiso en materia de
Protección Civil al inicio de mi mandato y hoy refrendo mi compromiso para
llevarlo a la norma jurídica”. Bien por eso, porque realmente es urgente una
nueva legislación en esta materia por todo lo que le ha pasado a la población
veracruzana.
Duarte de Ochoa habló de leyes eficaces,
pero sobre todo de instituciones fuertes, porque, ciertamente, es más fácil
hacer leyes que gobernar, dijera Leon Tolstoi. Y ahí está el binomio del
asunto: leyes eficaces/instituciones fuertes. Es decir, leyes bien pensadas y
analizadas que den respuestas, y gobierno que esté consciente, sepa de las
necesidades reales de la población y cuente con las herramientas necesarias
para hacerles frente.
En el mismo acto de clausura, Alfonso
Luna Herrera, representante de ciudadanos en los Foros de Consulta, señaló que
todas las acciones del gobierno se deben de orientar hacia la protección civil.
Razón no le falta.
Por eso, los diputados locales aprobaron la nueva Ley de Obras Públicas
y Servicios Relacionados con las Mismas, para fortalecer la regulación de las
acciones relativas a la planeación, programación, presupuestación,
contratación, construcción, ejecución, conservación, mantenimiento, demolición,
gasto y control de las obras públicas.
También aprobaron la nueva Ley de Operaciones Inmobiliarias, para establecer
bases firmes, procedimientos eficaces y reglas que den certeza a las relaciones
entabladas entre las empresas intermediarias de operaciones inmobiliarias y sus
potenciales clientes.
Incluso reformaron los artículos 22 y 171 de la Ley Orgánica del
Municipio Libre, para armonizarla con el nuevo texto de la Constitución
Política Local en el sentido de que los ayuntamientos durarán cuatro años.
Chido, de verás. De pilón, algunos diputados propietarios se fueron, y sus
suplentes se integraron a la LXII Legislatura Local, para seguir legislando y
gestionando a favor de Veracruz. Porque, como dijera Anatole France, el árbol
de las leyes ha de podarse continuamente.
Pero ojalá no caigamos en lo que consideró el economista francés, Étienne
Bonnot de Condillac, que en tiempos de corrupción es cuando más leyes se dan.
Tiempo al tiempo.
De cinismo y anexas
Quede como quede la
reforma en telecomunicaciones, y haiga
como haiga sido, no sé en qué ni hasta qué punto nos beneficiará a la
mayoría de los mexicanos, porque estoy con el monero Jans, cuando uno de sus
personajes le dice al otro: “Me emociona: con la reforma a las
telecomunicaciones podremos elegir entre la basura “A” y la basura “B”.
Sea lo que sea, ¿Carlos Slim se mantendrá
como el hombre más poderoso económicamente, según la revista Forbes? ¿O se sumarán unos mexicanitos
más como multimillonarios? ¡Apuéstenle!
Por lo pronto, ahí se ven.
Hasta la próxima
jarl63@yahoo.com.mx