miércoles, 3 de abril de 2013

La frágil fidelidad
 humana

Jesús J. Castañeda Nevárez

 jjcastaneda55@gmail.com


Pasó ya una más de las llamadas “semana santa”, tan esperada por muchos y tan celebrada por otros; dejando una resaca económica en la mayoría de las personas. Y esto inició desde los preparativos para un evento de fiesta en grande llamado “el carnaval”, que popularmente se conoce como “la fiesta de la carne” o las “fiestas carnestolendas”, pero que en el fondo son el ofrecimiento de la carne a “alguien” en una fiesta de desenfreno y excesos que hoy todos aprecian como normales y hasta como parte de la cultura. Esa fiesta terminó un martes para dar inicio a otra fiesta totalmente opuesta. Con el miércoles de Ceniza se inicia oficialmente la cuaresma, cuyo significado para la gran mayoría se traduce en no comer carne roja los días viernes. Las otras carnes finalmente no se comen, sólo se prestan.
Con la llegada de la Semana Santa o Semana Mayor, las Iglesias reviven la historia, Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. Pero la sociedad demuestra con sus actos que el mayor interés de esos días está centrado en el disfrute de unas merecidas vacaciones.
Todo se ha trastornado; todo ha tomado un nuevo enfoque; todo tiene una nueva forma de percepción que combina lo espiritual con lo material, sin importar que parte tenga mayor presencia en la vida de las personas. Para muchos bastará con asistir a alguna Iglesia y escuchar algo de lo que ahí se diga, para salir corriendo al festejo personal sintiendo ya pagada la cuota que la consciencia reclama.
Pocos se detienen a meditar sobre el significado de esa semana llamada “santa”; pocos llevan su reflexión a un espacio de contacto o comunión con Dios, cualquiera que sea la forma de creencia. Porque son pocos los que entienden y comprenden el alcance que tiene para sus vidas ese evento ocurrido hace más de dos mil años y que en ésta fecha la humanidad entera conmemora.
La Pasión de Cristo para muchos es una película y como tal lo aplican. No hay trascendencia al plano espiritual; no hay más que agregar. Pasó hace tanto tiempo y en un lugar tan lejano, que su recuerdo es cada vez más tenue y muchos detalles ya están olvidados. No hay compromiso ni hay fidelidad para con Dios.
En la Biblia dice que “no hay justo, ni aún uno; no hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”. (Romanos 3:10-12). Aplicado fielmente en nuestros días, cuando la humanidad se ha desentendido de lo espiritual y se ha desviado a otras cosas.
Tal vez muchos nunca han tenido un encuentro personal con Dios; tal vez la “religión” ha sido tomada como un “membrete” para defenderse de las ideas religiosas que se han ido heredando de padres a hijos, sin que alguno ose cuestionar o indagar un poco más sobre el asunto. Lo cierto es que el poco compromiso nos ha hecho también poco fieles a nuestra creencia en Dios, como para que no solo creamos sino que la vivamos plenamente.
Por lo pronto la semana santa nos deja muy gastados en lo financiero y muy desgastados en lo físico. Asoleados y quemados, con arena en la ropa y en el coche; con los huesos adoloridos por las incomodidades del hotel camarena o por el viaje como sardinas con toda la familia dentro de un vochito. Con estómagos castigados por el régimen alimenticio de puros sándwich de jamón de oferta con chilitos en vinagre y la horchata de jarabe del super, elaborada con agua de donde se pudo conseguir. Pero eso si, lo bailado nadie nos lo quita.
La renta, luz, agua, teléfono, cable, colegiaturas, gasolina, gas, etc., eso si representa el verdadero “viacrucis” y ninguno se podrá escapar. Las 7 caídas serán obligatorias. La visita a las 7 casas (de empeño) es la única opción para resolver el reclamo de las cuentas. Y seguramente será ahora cuando finalmente surgirá alguna expresión asociada a Dios:“Ayúdame Diosito”. Ese es mi pienso.