TIERRA DE BABEL
Creo que fue
Williams Deer quien escribió un delicioso poema en prosa y que ahora les
comparto: “Mi hijo me pregunta, con sus ojos adormilados, una mañana de enero.
Llueve. Aquí adentro, a su lado, no me inquieta el tiempo, me sosiega su
inocencia. Sus manos, enredadas en un juego imaginario, en el aire me
sostienen. Cabello lacio entrecortado. Sus mejillas y su nariz chatita,
resaltan una sonrisa y la pregunta:
-Y Dios, estando en el cielo, ¿por qué
no se cae?”
Ay, los hijos; ay, los niños, tan
ingeniosos, faltos de maldad, pureza que vamos, con el tiempo, envenenando “con
la leche templada y en cada canción”, cantara Joan Manuel Serrat. Son unos
dulces, cierto, y para los padres siempre son nuestros pequeños, lindos y
hermosos, tengan la edad que tengan. Debemos llevar siempre un niño dentro,
¿no?
En fin, que la niñez siempre será lo
mejor de una sociedad, porque, como dicen, las niñas y los niños de hoy son el
futuro del mañana, obviedad que el tiempo no desmiente.
Celebro este 30 de abril, como todos
los años, el Día del Niño y la Niña, pero preocupado realmente por el mundo
perversamente avasallante en el que vivimos. ¿Qué les estamos legando? ¿Un
tiempo en descomposición, desbocado a la destrucción…? Pero quizás tengamos aún
otra oportunidad, no seamos tan pesimistas, escucho que dicen. Bien, de
acuerdo, pero no nos crucemos de brazos, del cielo nada nos caerá; incluso,
ayudémonos que Dios nos ayudará, ¿no? O lo que es lo mismo, no nos hagamos penjamos y actuemos, por el bien de
todos y, sobre todo, de nuestros hijos, de la niñez.
Cuenta la historia que en el año de 1952,
la Asamblea General de la ONU se reunió para reafirmar los derechos universales
del niño y que se celebrara en cada país del mundo. El objetivo: que un día del
año se consagrara a la fraternidad y a la comprensión entre los niños del mundo
entero y se destinara a actividades para promover su bienestar y sus derechos.
Chido, ahora cada 30 de abril aquí en México los festejamos, los agasajamos,
los queremos más que ayer…
¿Y eso les toca a todos los niños del mundo, o toda la niñez mexicana?
Pos no, ¿verdad? Ya sabemos nuestra realidad. Por poner un ejemplo, y sin afán
de aguar la fiesta, el año pasado expertos de la Facultad de Economía de la
UNAM informaron que en los últimos doce años México registró un aumento de 12
por ciento en la población de niños que trabajan. Sólo en el primer trimestre
de 2012 se reportaron tres millones 270 mil casos, de pequeños de cinco a 12 años.
Y detallaron que de ese total, dos millones 125 mil 500 eran del sexo masculino
y un millón 144 mil 500 del femenino.
Incluso, sostuvieron que el 42 por
ciento de los que trabajan no estudian; 38 por ciento sufre una situación
inestable en la escuela, y dos de cada 10 cubren de manera irregular sus
estudios, en su mayoría, entre el cuarto y sexto año del nivel básico.
Arguyeron que la explotación infantil engloba todas las formas de esclavitud
como la venta y trata, servidumbre por deudas y la condición de siervo, el
trabajo forzoso u obligatorio, incluido el reclutamiento para usarlos. Además
los pequeños son enganchados para participar en conflictos armados, y son
ofertados para la prostitución, en todas sus modalidades. (informador.com.mx.11/jun/2012).
Ahí nomás.
¿Qué hacer? No hace mucho el activista
hindú Kailash Satyarthi, de visita en nuestro país, expresó que “debemos
combatir la mentalidad cultural en países como México, América Central y
África, en los que la gente pobre concibe que el trabajo infantil es parte de
la vida. Si los niños están trabajando, es imposible alcanzar la meta de la
educación, y sin educación, es imposible tener una economía sustentable”.
Precisó: “La Constitución es clara: no
se permite el trabajo infantil, lo que significa que quienes son electos deben
protegerla, pero cuando se trata de temas de infancia, se les olvida la
Constitución, los niños no son votantes. Más o menos lo mismo pasa en la India”.
Ahí ‘ta.
Ah, pero eso sí, hace unos días el
titular de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, Alfonso Navarrete
Prida, dijo que se están tomando las acciones necesarias para que antes de 2020
en México se erradique definitivamente la práctica del trabajo infantil. ¿Entonces?
A seguir esperando.
Feliz día, amigos y amigas, disfruten
su niñez, chicos y grandes.
De cinismo y anexas
Les cuento. “Érase
una vez dos niños, uno rico y el otro pobre; el rico le dice al pobre: -En mi
casa se come a la carta, pides lo que quieras comer. Y el pobre dijo: -En mi
casa también comemos a la carta, el que saca la mayor es el que come”.
Por lo pronto, ahí se ven.
Hasta la próxima