DE INTERÉS
PÚBLICO
Emilio Cárdenas
Escobosa
Los
tránsfugas
Siempre que hay
elecciones es ya un lugar común hablar de los cambios de camiseta de quienes
aspiran a las candidaturas o de reacomodos y desprendimientos en grupos y
equipos políticos. Los amagos de abandonar las filas del partido en el que se
milita y donde se busca ser nominado, las deserciones y el abandono de plano
del partido o la causa están a la orden del día. No obstante, el asunto de las
deslealtades y traiciones, por desagradable y condenable que parezca a primera
vista tiene un trasfondo interesante a la luz de la ciencia política.
Allá por el año de 1990,
dos autores franceses, Denis Jeambar e Yves Roucaute, defendieron la lógica de
la traición en un pequeño volumen publicado bajo el título de Elogio de la
traición (Sobre el arte de gobernar por medio de la negación), texto
polémico cuya tesis central se resume en que sólo la traición permite gobernar.
Para los politólogos
franceses Jeambar y Roucaute existe una justificación válida del accionar de
los tránsfugas, pues consideran que la traición es un acto fundacional de la
política, que complementada con la flexibilidad, adaptabilidad y el anti
dogmatismo forman parte de los cambios de quienes hacen política. Su aserto de
que "Gobernar es ante todo traicionar" es sin duda francamente
provocador.
Sin embargo, la tesis
de los franceses debe verse más bajo la óptica del pragmatismo político que de
la traición desde el punto de vista de la ética y la moral. De acuerdo a este
enfoque los tránsfugas estarían guiados e identificados por un pragmatismo que,
aunado a una férrea defensa de sus derechos individuales, valores fundamentales
de una sociedad de libre competencia y mercado político, los lleva a abjurar de
sus creencias y simpatías previas hacia un personaje, ideología o partido
político.
Argumentan que
incluso cambiar de bando puede perfectamente ser señal no sólo de buen gusto,
sino de estricta dignidad para con determinados presupuestos de justicia que
pueden entenderse lesionados en el desarrollo del tiempo. Por lo que si no se
parte de la maldad del tránsfuga puede entenderse que éste, ante lo que
entiende es una traición a lo que significaba el partido o el programa, obra en
conciencia. Desde este punto de vista, el cambio de agrupación política podría
interpretarse como un acto racional.
No obstante, el
resultado previsible de esta forma de actuar es el divorcio del ciudadano del
discurso de la élite política, lo que socava la legitimidad de los sistemas de
representación y explicaría la baja creciente en la participación
electoral. Porque al ver que la
traición, el cambio de rumbo y el llamado "pragmatismo" son la forma
de hacer política y que a pesar de mensajes y ofertas de cambio estos anti
valores están profundamente arraigados en la lógica del sistema, la gente
justificadamente desconfía de los políticos.
Por ello, ante la
actualidad de este tema dada la actual coyuntura política y la trayectoria y
motivaciones que conocemos en muchos de nuestros políticos ¿Habrá en verdad
alguien que pueda arrojar la primera piedra? ¿Usted qué opina?