TIERRA DE BABEL
La política mexicana vive una locura
En días pasados, el
escritor Fernando del Paso y sus lectores celebramos los 25 años de la novela Noticias del Imperio, el autor también
de José Trigo y, claro, de Palinuro de México. Es uno de nuestros
grandes escritores vivos que lo mismo se adentra en la narrativa, el ensayo, el
teatro y el periodismo, que en la historia, el dibujo, la gastronomía mexicana,
la investigación y la poesía.
Vaya, bien lo han dicho, es un escritor
sin fronteras. El día de la celebración de los 25 años del vertiginoso y
delirante monólogo de la emperatriz Carlota en Noticias del Imperio, en entrevista expresó que “lo que sucede en
México es lamentable. La crisis social y política. ¿Cómo entenderla? Como algo
que se agrava, se vuelve más crítico”. Luego agregó: “Es lamentable. Hoy la
crisis es más fuerte. Necesitamos replantearnos varias cosas”.
Alfonso Castañeda, el entrevistador, le preguntó: “–Muchos personajes
de la política mexicana, bien podrían aparecer en una buena novela, ¿no lo
cree?” A lo que Fernando del Paso contestó: “-Así es. Muchos deliran tanto o
más que la emperatriz Carlota. No dudo que, en algún tiempo, sean dignos de
aparecer en una novela. La política mexicana, la actual, vive en la locura”.
A la interrogante: “¿Qué le parece México, el país entero, una realidad
o una ficción?”. Contestó: “México es una realidad… pero una realidad
lamentable”. ¿Será?
Cierto, cada día más pienso que vivimos una locura, casi
esquizofrénica, y no se diga de la política. A veces veo a la mayoría de
nuestros políticos y autoridades que no dan ni una, andan de un lado pa’ otro, confusos,
imprecisos, esperando la orden, ¿de quién?, para así, y sólo así, hablar o
dizque actuar.
Cierto, necesitamos replantearnos muchas cosas. Pero ahí está el meollo
del asunto, porque como dijo José Saramago, existe una apatía que parece
haberse vuelto congénita. Y a esto agreguemos la idiotez en la que nos tienen
envueltos las mentiras y simulaciones de aquellos que apuestan por la
ignorancia, por la ausencia de la crítica, la reflexión, por la nulidad de la
invención y, desde luego, de la creación. ¿Cuándo vamos a despertar? ¿O qué
lindura ser zombis?
De cinismo y anexas
En estos tiempos
tan peligrosos, por donde quiera que se le vea, el asunto de la seguridad
pública resulta fundamental, y para las autoridades como para el ciudadano, no
es nada fácil concretar logros y aciertos. La delincuencia parece ganar
terreno, aquí, allá y acullá. ¿Y en nuestra bella Xalapa? A esta situación la
espolvoreamos con la desconfianza hacia los cuerpos policiales, por no hablar
de las autoridades responsables, pos chingaos a dónde vamos a llegar, o más
bien pa’ dónde jalamos.
Desde luego, pagan justos por pecadores,
porque cierto estoy que existen elementos policíacos entregados al servicio de
la seguridad de la gente, honestos, dedicados, profesionales, dignos, que saben
muy bien que arriesgan su vida por la de los demás.
Qué bien por el Día del Policía
Veracruzano, habría que incentivarlos más. Pero no se vale que por unos
cuantos, siempre hay un pelo en la sopa, se pierda lo poco o mucho que se ha
logrado en la actuación de los policías. Y viene a cuento lo anterior, porque
ya no sabe uno ni qué pex con ciertos
polis, como el caso que comentó el
periodista Salvador Muñoz en su entrega del viernes 26 de abril pasado,
titulada “Delincuencia acreditable”, que refiere cómo unos jóvenes sufrieron de
abuso de autoridad, prepotencia, humillación, y maltrato, y fueron llevados a
San José sin razón alguna por parte de unos elementos de “seguridad”. Carajos,
luego se andan preguntando por qué tal desconfianza. Ojalá los mandos aprieten
tuercas con esos elementos que en nada ayudan a la Secretaría, al Gobernador y,
mucho menos, a la población.
Hablando de esto, les comparto lo
siguiente: “Circulando un Audi A4 por la carretera, les detiene un policía y
les pone una multa; el conductor entonces le pregunta al poli: “¿A qué viene
esta multa? No voy borracho, ni llevo exceso de velocidad”. A lo que el poli
dice: “No, no, no es por ninguna de esas cosas; es que ustedes van cinco
personas en un Audi A4, y claro, en el A4 sólo pueden ir 4 personas”. El
conductor exclama: “Poli, ¿qué tiene que ver el nombre del coche, con las
personas que pueden caber? Si no pregúnteselo a su compañero a ver que le dice” El Poli contesta: “Deje a mi compañero, que
acaba de parar a un FIAT 1 en el que habían 3 personas”.
Por lo pronto, ahí se ven.
Hasta la próxima