TIERRA DE BABEL
No tengo nada en
contra de la tecnología, muchos menos en contra de la ciencia, puesto que nos
han dado tanto y prometen seguir sorprendiéndonos. Sé, con Noam Chomsky, que el
lenguaje de hoy no es peor que el de ayer. Es más práctico. Como el mundo en
que vivimos. Y lejos de cuestionarme sobre estos asuntos, debo decir que
tampoco tengo nada en contra del Facebook,
el Twitter, las redes sociales, pero
ciertamente a veces como que me cansan, vaya, quito el “como” y digo que me
cansan.
Sé, también, que el Internet es mucho
más que una tecnología. Es un medio de comunicación, de interacción y de
organización social, dijera el sociólogo español Manuel Castells. Incluso, sé
que Steve Jobs señaló: “Un ordenador es para mí la herramienta más sorprendente
que hayamos ideado. Es el equivalente a una bicicleta para nuestras mentes”.
De acuerdo, pero repito, a veces me
cansa y me fastidia. No hace mucho leí que el genial escritor holandés Cees
Nooteboom, con motivo de la presentación en México de su más reciente libro
“Cartas a Poseidón”, expresó que “los seres humanos con todos sus aparatos
modernos y toda su tecnología tienen un gran miedo, las nuevas generaciones
tienen miedo a la soledad, no quieren estar solos, quieren tener 4 mil amigos
en Facebook y yo creo que es un mal
entendido porque al final de cuentas cuando se van a dormir están solos también
como los otros”. No, pos sí.
En febrero pasado, La Jornada publicó un artículo interesante titulado “Se dan
vacaciones muchos usuarios de Facebook”,
del cual les comparto unos párrafos: “Más de la mitad de los usuarios de Facebook en Estados Unidos ha tomado
algún respiro de la red social esgrimiendo como razón principal estar demasiado
ocupados, según un estudio dado a conocer. El 61 por ciento dijo haber
descansado de Facebook en algún
momento y 27 por ciento aseguró que este año dedicaría menos tiempo a la red,
reveló el Pew Research Center”.
Pero, claro, no sólo es por “estar
ocupados”, también los hay que como un servidor a veces llega a estar hasta la máuser de tantas… Dice el artículo
arriba mencionado: “Estar demasiado ocupado” fue el argumento más utilizado (21
por ciento), pero también hubo quien se desconectó por estar “cansado de
comentarios estúpidos”, por amigos “locos”, aburrimiento, o por haber sido la
causa de problemas sentimentales. Estos datos muestran que la gente está
tratando de reajustar en sus vidas las nuevas herramientas sociales, en una
suerte de “hoja de cálculo” entre las ventajas e inconvenientes que supone esta
tecnología”.
Pos sí, en verdad que hay que reajustar
nuestras vidas en el mundo del ciberespacio.
Por lo pronto, yo me quedo con lo que
dijo el cantante Luis Eduardo Aute: “La música, la literatura y la poesía lo que
hacen es aproximarnos al sentido de la vida, a las grandezas y a los misterios,
a las dudas, a los miedos, a las tristezas y también a las alegrías. Vivimos en
un mundo cada vez más alejado en el sentido del ser humano y creo que la
cultura es eso que nos puede mantener unidos a ese niño que ve el mundo de una
manera distinta”.
Cierto, aunque ya los niños de hoy
están más pegados al internet… Me lleva la que me trajo. Por eso, por eso,
tratemos de contrarrestarlo, procurando reajustar nuestras vidas a la
actualidad, sin olvidar lo magnífico que es rescatar a la persona…
Rafael de Gasperín, originario de
Córdoba, Veracruz, profesor del Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey, “filósofo
por naturaleza, él aprende enseñando, y aprende escuchando”. (Milenio/30 de enero/2013). Pues él dijo
alguna vez: “Hay que rescatar a las personas, hay que rescatar el rostro del
otro, hay que rescatar el libro abierto que somos cada uno, ¡a la persona!”
No, pos sí, prefiero este tipo de red
social y, sobre todo, humana.
De cinismo y anexas
Por cierto,
encuentro en internet el siguiente chiste:
“Un niño le pregunta a su papá:
-Papá, ¿de dónde vengo?
A lo que el padre le contesta:
-Bueno, de todos modos algún día te tenía que decir esto pero si es
antes mejor: tu mamá y papá nos conocimos en un cibercafé, nos conectamos en el
baño, mamá tomó información del stick de memoria de papá, y cuando a papá no le
quedaba nada más por cargar, terminamos la conexión con un corto circuito. A
los 10 minutos nos dimos cuenta que no habíamos usado firewall, pero ya era muy
tarde, no podíamos cancelar ni suprimir, y nueve meses mas tarde, tuvimos un
virus...”
Por
lo pronto, ahí se ven.
Hasta la próxima