TIERRA DE BABEL
Un calor achicharrante…
Lluvias y más
lluvias. Torrenciales y tormentas. Maremotos. Tsunamis. Inundaciones. Tornados.
Sequías. Estiajes. Calores intensos. Dónde antes había agua, hoy es un desierto
y a la inversa. Temblores, sismos y terremotos…. Hambruna… Muerte… ¿Es el fin
del mundo? ¿Apocalipsis? ¿Cómo es posible? ¿El destino nos alcanzó?
Decía el actor estadounidense Peter
Alexander Ustinov, un tanto con sarcasmo, que la última voz audible antes de la
explosión del mundo será la de un experto que diga: es técnicamente imposible.
Y claro que no es así, porque los científicos, técnicos y anexas saben
perfectamente hacia dónde va el mundo. ¿Para qué seguir negándolo y hacernos a
la idea de que no es posible? Si nosotros mismos estamos destruyendo a la
tierra, paso a paso y poco a poco, y a veces no tan calmadamente, porque somos
voraces depredadores…
Bien lo decía el genial novelista Víctor Hugo, tan corta como es la
vida, aún la acortamos más por el insensato desperdicio del tiempo, y yo
agregaría que no tan sólo el tiempo, sino todo lo que hay aquí bajo el cielo.
Por eso es urgente actuar, hacer algo para tratar de detener o revertir
las consecuencias de la destrucción misma del ser humano.
El pasado 5 de junio fue el Día Mundial de Medio Ambiente, y días antes
mi presidente Enrique Peña Nieto, anunció, ¡qué alegría!, “la Estrategia
Nacional de Cambio Climático, que incluye ocho lineamientos generales, entre
los que destacan: disminuir el peligro de los mexicanos en casos de riesgo,
reducir la vulnerabilidad de los sistemas de producción ante contingencias
climatológicas, adaptación de ecosistemas al cambio climático, consumo
energético con eficiencia y racionalidad, y avanzar hacia ciudades sustentables”.
Señaló que “estos ocho ejes fundamentales cuentan, con criterios de
priorización para que las autoridades locales apliquen medidas específicas, y
que para asegurar la viabilidad de la estrategia se establecerán criterios
transversales que promuevan la coordinación entre los diferentes ordenes de
gobierno”. (Notimex/3 de junio/2013). ¡Chido! Y como siempre, esperamos
resultados, porque si no, ya sabemos lo que nos pasará… ¡Ay, nanita!
Ahí están los casos de La Joyita, Jacomulco, Perote y muchos otros
lugares de depredación y derrames de crudo. Así, pos simplemente no se podrá
evitar nada…
Pero hay que hacer algo, ¿no? Seguir luchando. Recordé un cuento
titulado “Un calor achicharrante”, que hace mucho editó la Dirección General de
Medio Ambiente de la Unión Europea.
Dice así: “De paseo en bicicleta, el niño Tomás topa con un incendio en
el bosque, justo donde vive su amiga Lila, la ardilla.
“Tomás, localizando el agua de un manantial oculto, ayuda a los
bomberos a apagar el fuego y salvar no sólo a Lila sino también a sus
cachorros.
“Un hombre que curioseaba, dijo: “Fíjese, alcalde, en estas pobres ardillas,
han estado a punto de morir, ¡y todo por el cambio climático! Debería dar unas
medallas a las personas que intentan salvar la tierra.
“¿De verdad que piensas eso?”, dijo el alcalde.
“El jefe de los bomberos intervino: “Señor alcalde, somos bomberos,
sólo hemos cumplido con nuestro deber. Pero vemos que la tierra se calienta. El
incendio forestal de hoy no ha sido una coincidencia. Nosotros, los seres
humanos somos, seguramente, los responsables. ¡El clima está cambiando de
verdad!
“Y mientras decía esto, el jefe de bomberos tomó los cachorros de Lila
y los acarició suavemente. ¡Eran una preciosidad!
“Tengo una idea”, dijo Tomás, “¿por qué no dar medallas a los que van
en bici todos los días, a los que utilizan la energía del viento y del sol y a
los que dejan el coche en casa y van en autobús? Dé medallas a todos los que
luchan por dejar de producir gases de efecto invernadero. ¡Esos son los
auténticos héroes!”.
El alcalde sonrió a Tomás. “Es una idea estupenda”, le dijo, “voy a
ponerla en práctica en seguida”.
Ustedes dirán.
De cinismo y anexas
Por cierto, José
Saramago dijo alguna vez: “Si no me intereso por el mundo, éste llamará a mi
puerta pidiéndome cuentas”.
Por
lo pronto, ahí se ven.
Hasta la próxima