sindicalismo oficial.
Por Helí Herrera Hernández.
Twitter: HELIHERRERA.es
Si alguien me hubiera dicho el primero de diciembre
del año pasado, que el gobierno de Enrique Peña Nieto estaría en una crisis
política-social parecida a la que han vivido otros jefes de estado en Europa o
África, nunca lo hubiera creído.
Se veía,
arropado por los barones del dinero domésticos y extranjeros, por el gobierno
norteamericano, por los poderes fácticos, por la vieja guardia priísta, por los
sindicatos colaboracionistas, por los militares y marinos mexicanos, por los
panistas, los verdes, los panalistas y los chuchos perredistas, fuerte, sólido,
inquebrantable, imbuido de un poder que en su momento lo quiso tener Felipe
Calderón con su “triunfo fraudulento” que lo llevo a un descrédito
internacional.
Ni el
caso Monex-Soriana, ni el movimiento “yo soy 132”, ni la confusión con sus
lecturas, ni el baño de la ibero, ni el rebase grosero de los topes de campaña
lo hicieron tan frágil como se observa hoy, producto del cumplimiento de los
compromisos con el gran capital de dentro y fuera de México, que convertidas en
leyes han desbordado las calles de ciudades tranquilas que nunca se imaginaron
ver decenas de miles de hombres, mujeres y estudiantes exigiendo, hasta el
momento, la marcha atrás de las contrarreformas recién aprobadas por el
Congreso de la Unión, y más adelante, preveo, la renuncia del Presidente Peña porque
sus asesores y cabilderos nunca creyeron en “el monstruo revolucionario,
nacionalista y patriótico” de los mexicanos bien nacidos.
El hilo
se reventó por lo más delgado, en efecto, y trono precisamente en uno de los
pilares que siempre dieron fortaleza al Partido Revolucionario Institucional:
Los sindicatos oficialistas, entregados y al servicio del presidente de la
república o gobernador en turno, que
combinado con reformas constitucionales involutivas formaron un cóctel que en
este momento tiene, sumados en todo el país, a millones de compatriotas
exigiendo la derogación de la reforma educativa y el alto total a la pretensión
de entregar el petróleo a los grandes oligopolios y Trust, bajo el pretexto de
no contar con dinero para impulsar en PEMEX una revolución tecnológica, cuando
nuestras reservas monetarias superan los 165 mil millones de dólares.
Lo que
la socialdemocracia nacional o los partidos de izquierda nunca pudieron lograr
(concientizar a las masas obreras para asumir su papel de clase social
explotada y por ende, en factor de cambio), lo esta logrando don Enrique y su
Pacto por México, que han roto esas viejas ligas y amoríos que existían entre
el poder público y el sindicalismo oficioso en México, que erróneamente
creyeron que con el encarcelamiento de su antigua aliada doña Elba Esther
Gordillo tendrían apaciguado al magisterio nacional, especialmente al SNTE.
La
película que estamos viendo nos enseña la justeza del materialismo histórico al
observar el rebasamiento que las bases magisteriales les están dando a sus
líderes de facto, como sucede a nivel nacional con el sindicato más importante
de América Latina el SNTE, otrora serviles y timoratos a los designios de sus
líderes charros.
Y allí
están en las calles, con leyendas en las lonas que portan su inconformidad por
el servilismo de sus dirigentes sindicales, y su explosiva concientización que
solo UNIOS podrán derrotar al neoliberalismo económico-educativo-social, que ya
registra más de 70 millones de mexicanos viviendo con menos de dos dólares al
día, mientras los jefes afilan las uñas para hacer del petróleo nacional su
jubilación millonaria, incluyendo la de las generaciones que le sobrevienen.
Aquí
mismo en el Estado de Veracruz los ríos de maestros, padres de familia y hasta
estudiantes se rebelan no solo contra la reforma educativa-punitiva-laboral,
sino con los sindicatos tradicionales, quietos, inmóviles; contra sus
dirigentes y contra sus antiguos aliados, a quienes electoralmente les servían
en la campañas políticas para llevarlos al poder.
¿Cuántas
veces hemos escuchado hoy en esas magnas manifestaciones la palabra “nunca más
le vuelvo a servir y apoyar al PRI y a mis dirigentes magisteriales, para que
lleguen a los cargos públicos y luego nos apuñalen? de parte de miles de
maestros que lo mismo fueron activistas, que promotores del voto y
representantes de casilla y votadores
(de sufragio a favor) del que hoy los ahorca: Enrique Paña Nieto.
El
descontento magisterial ya no solo es en Michoacán, Oaxaca, Guerrero y Chiapas.
Ahora los maestros ya caminan y toman edificios en estados conservadores como
Yucatán, Quintana Roo, Puebla, Querétaro, Guanajuato, Tlaxcala, y que decir de
Veracruz donde se conjuga una triada efectiva que dará resultados positivos
(maestros-padres de familia, alumnos).
El
linchamiento que los poderes fácticos, perversos, corruptos y deformadores de
conciencia como TELEVISA y TV. AZTECA hacen de los maestros y del general
Lázaro Cárdenas, a quien le atribuyen dichos que nunca dijo, ha encrespado aun
más a la sociedad que parece despertar de un conformismo que de mantenerse,
amenazaba los principios fundamentales del hombre como son el derecho a una
educación pública gratuita, de calidad y eficiente, siempre y cuando el
gobierno federal contemplara mayores partidas para ese efecto.
Estos
errores de cálculo del peñismo y su grupo de adinerados están quebrando los
pilares del PRI que le dieron, por décadas, millones de votos.
Si antes
los maestros y maestras de México afiliados al SNTE y a sindicatos estatales
oficialistas le dieron apoyo y sufragios al pRI, demostrando su eficacia como
operadores, ahora ellos serán sus enterradores en las siguientes elecciones.
Tiempo al tiempo si no me cree.