lunes, 9 de septiembre de 2013

La crisis del
sindicalismo oficial.

Por Helí Herrera Hernández.

Twitter: HELIHERRERA.es

 

            Si alguien me hubiera dicho el primero de diciembre del año pasado, que el gobierno de Enrique Peña Nieto estaría en una crisis política-social parecida a la que han vivido otros jefes de estado en Europa o África, nunca lo hubiera creído.

 

         Se veía, arropado por los barones del dinero domésticos y extranjeros, por el gobierno norteamericano, por los poderes fácticos, por la vieja guardia priísta, por los sindicatos colaboracionistas, por los militares y marinos mexicanos, por los panistas, los verdes, los panalistas y los chuchos perredistas, fuerte, sólido, inquebrantable, imbuido de un poder que en su momento lo quiso tener Felipe Calderón con su “triunfo fraudulento” que lo llevo a un descrédito internacional.

 

         Ni el caso Monex-Soriana, ni el movimiento “yo soy 132”, ni la confusión con sus lecturas, ni el baño de la ibero, ni el rebase grosero de los topes de campaña lo hicieron tan frágil como se observa hoy, producto del cumplimiento de los compromisos con el gran capital de dentro y fuera de México, que convertidas en leyes han desbordado las calles de ciudades tranquilas que nunca se imaginaron ver decenas de miles de hombres, mujeres y estudiantes exigiendo, hasta el momento, la marcha atrás de las contrarreformas recién aprobadas por el Congreso de la Unión, y más adelante, preveo, la renuncia del Presidente Peña porque sus asesores y cabilderos nunca creyeron en “el monstruo revolucionario, nacionalista y patriótico” de los mexicanos bien nacidos.

 

         El hilo se reventó por lo más delgado, en efecto, y trono precisamente en uno de los pilares que siempre dieron fortaleza al Partido Revolucionario Institucional: Los sindicatos oficialistas, entregados y al servicio del presidente de la república  o gobernador en turno, que combinado con reformas constitucionales involutivas formaron un cóctel que en este momento tiene, sumados en todo el país, a millones de compatriotas exigiendo la derogación de la reforma educativa y el alto total a la pretensión de entregar el petróleo a los grandes oligopolios y Trust, bajo el pretexto de no contar con dinero para impulsar en PEMEX una revolución tecnológica, cuando nuestras reservas monetarias superan los 165 mil millones de dólares.

 

         Lo que la socialdemocracia nacional o los partidos de izquierda nunca pudieron lograr (concientizar a las masas obreras para asumir su papel de clase social explotada y por ende, en factor de cambio), lo esta logrando don Enrique y su Pacto por México, que han roto esas viejas ligas y amoríos que existían entre el poder público y el sindicalismo oficioso en México, que erróneamente creyeron que con el encarcelamiento de su antigua aliada doña Elba Esther Gordillo tendrían apaciguado al magisterio nacional, especialmente al SNTE.

 

         La película que estamos viendo nos enseña la justeza del materialismo histórico al observar el rebasamiento que las bases magisteriales les están dando a sus líderes de facto, como sucede a nivel nacional con el sindicato más importante de América Latina el SNTE, otrora serviles y timoratos a los designios de sus líderes charros.

 

         Y allí están en las calles, con leyendas en las lonas que portan su inconformidad por el servilismo de sus dirigentes sindicales, y su explosiva concientización que solo UNIOS podrán derrotar al neoliberalismo económico-educativo-social, que ya registra más de 70 millones de mexicanos viviendo con menos de dos dólares al día, mientras los jefes afilan las uñas para hacer del petróleo nacional su jubilación millonaria, incluyendo la de las generaciones que le sobrevienen.

 

         Aquí mismo en el Estado de Veracruz los ríos de maestros, padres de familia y hasta estudiantes se rebelan no solo contra la reforma educativa-punitiva-laboral, sino con los sindicatos tradicionales, quietos, inmóviles; contra sus dirigentes y contra sus antiguos aliados, a quienes electoralmente les servían en la campañas políticas para llevarlos al poder.

 

         ¿Cuántas veces hemos escuchado hoy en esas magnas manifestaciones la palabra “nunca más le vuelvo a servir y apoyar al PRI y a mis dirigentes magisteriales, para que lleguen a los cargos públicos y luego nos apuñalen? de parte de miles de maestros que lo mismo fueron activistas, que promotores del voto y representantes de casilla  y votadores (de sufragio a favor) del que hoy los ahorca: Enrique Paña Nieto.

 

         El descontento magisterial ya no solo es en Michoacán, Oaxaca, Guerrero y Chiapas. Ahora los maestros ya caminan y toman edificios en estados conservadores como Yucatán, Quintana Roo, Puebla, Querétaro, Guanajuato, Tlaxcala, y que decir de Veracruz donde se conjuga una triada efectiva que dará resultados positivos (maestros-padres de familia, alumnos).

 

         El linchamiento que los poderes fácticos, perversos, corruptos y deformadores de conciencia como TELEVISA y TV. AZTECA hacen de los maestros y del general Lázaro Cárdenas, a quien le atribuyen dichos que nunca dijo, ha encrespado aun más a la sociedad que parece despertar de un conformismo que de mantenerse, amenazaba los principios fundamentales del hombre como son el derecho a una educación pública gratuita, de calidad y eficiente, siempre y cuando el gobierno federal contemplara mayores partidas para ese efecto.

 

         Estos errores de cálculo del peñismo y su grupo de adinerados están quebrando los pilares del PRI que le dieron, por décadas, millones de votos.

 

         Si antes los maestros y maestras de México afiliados al SNTE y a sindicatos estatales oficialistas le dieron apoyo y sufragios al pRI, demostrando su eficacia como operadores, ahora ellos serán sus enterradores en las siguientes elecciones. Tiempo al tiempo si no me cree.