TIERRA DE BABEL
Jorge
Arturo Rodríguez
¿Por un México más justo?
Pasado ya nueve
meses de la administración pública federal, el presidente Enrique Peña Nieto
entregó su Primer Informe de Gobierno y dio un mensaje a la Nación. Bien, ahí
está lo que dijo, ahí están los datos y, claro, “falta mucho por hacer”, pos
apenas si empezó su gestión. Aún hay que esperar (¿más?), pero, la verdad,
tengo mis dudas, porque dijera Sir Francis Bacon, la duda es la escuela de la
verdad.
Días antes del Informe, en todos lo
medios de comunicación apareció propaganda gubernamental de lo realizado hasta
ahora. En los medios impresos se publicó en planas enteras fotos del presidente
Enrique Peña Nieto saludando y abrazando a la gente con el gesto (¿nomás?) de
atención y apoyo, las cuales iban con el título “Por un México más justo” y el
siguiente texto: “Pusimos en marcha la Cruzada Nacional contra el Hambre,
bajamos a 65 años de edad para que nuestros adultos mayores puedan recibir una
pensión y apoyamos a las madres jefas de familia que más lo necesitan con un
seguro de vida”. ¡Órale!
Hay dos palabritas (tan profundas en su
sentido) que por manoseadas hasta el cansancio ya perdimos su significación y,
lo más trágico, pocas veces nos detenemos en su aplicación: justicia e igualdad.
Confucio decía: mejor que el hombre que sabe lo que es justo es el hombre que
ama lo justo. ¡Gulp! ¿Nuestros gobernantes y políticos, por no mencionar a la
clase empresarial, nacional o extranjera, aman lo justo? La respuesta creo que
todos la sabemos. Al plantear esto, recuerdo que Platón expresó que la obra
maestra de la injusticia es parecer justo sin serlo. Qué tal, ¿eh? “Parecer
justo sin serlo”, ¿no les recuerda o les dice algo?
En cuanto a la igualdad, ¡fíjense nomás!,
Peña Nieto en uno de sus spots publicitarios dijo que ve “un México donde nadie
se quede atrás”. ¡Sopas! ¿Cómo le hará? Eso está por verse, y ojalá que dentro
de unos años, al término del presente sexenio, no haya más mexicanos que no
sólo se queden atrás, sino más refundidos de lo que están. Quiera Dios no
seamos más mexicanitos que nos quedemos en el limbo, sin país, sin patria, sin
nación, que no es lo mismo pero pal caso es igual. Porque a como van las cosas,
la verdad tengo mis dudas. Ya lo decía Honoré de Balzac, la igualdad tal vez
sea un derecho, pero no hay poder humano que alcance jamás a convertirla en
hecho. ¿Entonces? He ahí la cuestión. ¿Cómo convertir la igualdad en hecho y
que no quede sólo en charlatanería política?
No más dádivas y migajas. No más atole
con el dedo. Porque bien es cierto que la igualdad de la riqueza debe consistir
en que ningún ciudadano sea tan opulento que pueda comprar a otro, ni ninguno
tan pobre que se vea necesitado de venderse, dijera Jean Jacques Rousseau.
Por cierto, el presidente Barack Obama
en su discurso con motivo de los 50 años del mensaje de Martin Luther King “I
have a dream”, expresó que “lo que hay que hacer es recordar a la gente que
todavía queda trabajo por hacer para que nuestra sociedad sea más igual y
justa”. Y dale que dale con la igualdad y la justicia.
Y sí, claro, hay que insistir en esas
dos palabritas, pero estemos atentos para que sea una realidad, porque de lo
contrario ya valimos y sólo unos cuantos seguirán gozando de la opulencia…
¿Entiendes Méndez o te lo explico Federico?
Fíjense nomás, hace mucho tiempo Simón
Bolívar dijo que la Justicia es la reina de las virtudes republicanas y con
ella se sostiene la igualdad y la libertad. ¿Cómo la ven?
De cinismo y anexas
El poeta Javier
Sicilia dijo hace unos días que en México hay “políticos relacionados con
narcos, políticos omisos, porque la delincuencia tiene que ver con omisiones
políticas que están ahí; por ejemplo, liberaron al narcotraficante (Rafael)
Caro Quintero, pero tenemos al profesor indígena chiapaneco (Alberto) Patishtán
y a Nestora (Salgado, coordinadora de autodefensas en Olinalá, Guerrero) en la
cárcel”.
Y agregó que esa forma de gobernar de todos los que están en el poder,
así como los partidos políticos, “sólo puede cambiar o detenerse por los ciudadanos,
pero la gran pregunta es ¿somos capaces de crear un consenso para detenerlos?”
Sicilia señaló que así como se encuentra el país “no hay Estado”,
porque no puede haberlo cuando no existe seguridad para los ciudadanos, ni
justicia. Pagas impuestos para sostener instituciones corruptas e ineficientes.
Yo siempre he dicho que el problema es que el Estado está absolutamente
corrompido, es delincuencial (porque) está de la mano de alguna manera con el
crimen organizado”. Otro ¡gulp!
Por lo pronto, ahí se ven.
Hasta la próxima