VALEROSO Y EJEMPLAR!
FERNANDO F. CANCELA
A las 11:30 de la
noche del 7 de Octubre de 1913, ocurrió uno de los pasajes más negros de
nuestra historia, Agentes de la Policía “Reservada”, brazo de la dictadura de
Victoriano Huerta, cuya especialidad era la persecución y eliminación de los
enemigos del gobierno usurpador, detuvieron cobardemente al senador chiapaneco
Belisario Domínguez Palencia. Los sicarios lo condujeron al panteón de Coyoacán
y ahí lo asesinaron a balazos. El crimen del legislador, genero múltiples
protestas en el Senado de la República.
El Miércoles 9 de
octubre, Ricardo Domínguez y Federico Tovar, hijo y sobrino del Senador,
acudieron con Virgilio Figueroa, diputado federal por Chiapas; y con Víctor
Manuel Castillo y Emilio Rabasa, senadores por el mismo estado, para
informarles que tenía tres días que el senador había desaparecido. Eran
conocidos por la opinión pública sus discursos del 23 y 29 de septiembre de
1913 en los que denunció el carácter dictatorial del régimen, y el cúmulo de
falsedades del Informe Presidencial de Huerta. El primero de los discursos
había circulado por el país debido a que fue impreso de manera clandestina por
María Hernández Zarco, una de las fundadoras de la casa del Obrero Mundial,
integrante del Club Liberal Benito Juárez y nieta del historiador y periodista
de la época reformista, Francisco Zarco.
Domínguez no era el
primer opositor desaparecido desde que Huerta asumiera la presidencia el 19 de
febrero de 1913, pues Serapio Rendón, Adolfo Gurrión, Néstor Monroy y Edmundo
Pastelín, diputados del bloque renovador, opositores a Huerta, así como
generales maderistas, periodistas y obreros, integraban una larga lista de
personajes asesinados, presos y desaparecidos entre febrero y octubre de 1913.
El mismo día 9 de octubre, se llevó a cabo una sesión extraordinaria en medio
de manifestaciones de reprobación, y el diputado por Veracruz Ignacio Muñoz,
afirmaba que no había pruebas suficientes para hacer especulaciones y que se
debería de fundamentar el caso para no “poner en ridículo”a la cámara.
Por la mañana del 10
de octubre, comenzaron las investigaciones por la desaparición del Senador.
Cartas abiertas y cerradas, papeles desordenados, ejemplares de la prensa,
centenares de hojas con un discurso impreso y un original firmado, estaban
sobre su escritorio de la habitación del “Hotel Jardín”. Además, había una
maleta vacía y sin llave, la totalidad de su ropa en los armarios y un camisón
de dormir sobre la cama. Eso fue lo que descubrieron los primeros trabajos de
la comisión investigadora integrada por los diputados Armando Ostos, Jesús
Martínez Rojas y Aquiles Elorduy. Entre las 12 de la noche y la una de la
madrugada, el Doctor Belisario Domínguez había salido custodiado por dos hombres,
según declaraciones del guardia del hotel, a quien había encargado que avisara
a su hijo Ricardo que se lo llevaban “individuos que se decían de la policía
secreta”.
El mismo 10 de
octubre por la tarde, más de 800 hombres armados sitiaron por instrucciones de
Huerta, la Cámara de Diputados. El golpe de estado presidencial, indica que
soldados y Agentes de la Policía Secreta, vestidos de civiles, irrumpieron en
el interior del recinto legislativo de Donceles y Allende, y después de golpear
a los mozos de las tres entradas, ocuparon el vestíbulo, las tribunas, las
galerías, los palcos y las azoteas. El oficial mayor del congreso, se comunicó
vía telefónica con el presidente del poder legislativo, José María de la Garza
para hacer de su conocimiento que los hombres estaban armados con una o dos
pistolas y que llevaban entre 40 y 60 cartuchos cada uno, y que el inspector
general de la policía, Francisco Chávez, lo había amenazado con un arma. “Me
siento maniatado, ¡no sé qué hacer!...” terminó por decirle, rendido.
Cuenta la historia
que de la Garza no dio indicaciones, solo le dijo al oficial mayor que
esperara. Todavía no dimensionaba la magnitud de los acontecimientos. Horas más
tarde, y después de levantar la sesión, de la Garza terminó arrestado junto con
otros 83 diputados y encarcelado en la Penitenciaría de Lecumberri. El traslado
de los diputados federales a prisión fue presenciado por docenas de curiosos y
la XXVI Legislatura fue disuelta.
El 11 de octubre, fue
publicado en los diarios nacionales el manifiesto de Huerta, donde justificaba
la disolución del congreso, y cuya leyenda decía: “Las cámaras de la actual
legislatura, bajo el gobierno que en la actualidad rige los destinos de la
República, han llegado a convertirse en el peor enemigo del Ejecutivo,
hostilizándolo en todos sus actos e invadiendo su jurisdicción. Si ha de
romperse el orden constitucional por uno y otro medio como resultado de la obra
antipatriótica de los señores miembros del poder legislativo, es indispensable
que mientras se reconstituyen las instrucciones, se salve la patria y la
dignidad nacional”…
Dos días después de
la disolución del congreso, el 12 de octubre, el gobierno Huertista inició un
juicio arbitrario en contra de los 84 legisladores encarcelados en Lecumberri.
Se fincaron delitos de conspiración, rebelión, sedición, e incluso ultraje a la
figura presidencial. El proceso llevado por el Juez Segundo de Distrito Federal
se extendió hasta abril de 1914 y la liberación de los diputados se dio de
manera paulatina en diferentes fechas. Unos recobraron su libertad a los 10
días, y otros 4 meses después. Los últimos detenidos salieron el 22 de abril de
1914 tras el decreto de amnistía firmado por Huerta bajo la presión de la
invasión norteamericana en Veracruz, y el avance de tropas constitucionalistas
de Venustiano Carranza.
El 15 de Octubre, en
Comitán Chiapas, debido a la noticia por la muerte del Senador Belisario
Domínguez, el ayuntamiento de ese municipio sesionó en forma extraordinaria y
resolvió unirse al sentir popular. El Doctor Belisario era una persona muy
conocida y estimada por todos en su pueblo natal, por su naturaleza humanitaria
y sus aportes cotidianos para curar enfermedades y aliviar el dolor. El H.
Ayuntamiento decretó tres días de duelo y lo declaró hijo predilecto de la
ciudad.
Manifiesta el actual
senador del PRD por el estado de Chiapas Zoé Robledo que hablar de Belisario
Domínguez es hacer referencia a la varonía en el sentido moral del término. Que
su legado tiene que ver con levantar la voz cuando el silencio se generaliza y
se impone por el temor a la conveniencia. “Su gesta heroica fue un llamado a
recuperar dignidades que ya no se percibían”.
Sin duda el Doctor
Belisario Domínguez Palencia fue un político muy valeroso y ejemplar.