JOSÉ GUADALUPE POSADA
Y SU NOVIA LA CATRINA.
¿Folklore o demosofía?
Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez.
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El día de muertos es
una de las celebraciones mexicanas más antiguas, con el transcurso de los
siglos no tan sólo ha perdurado, sino que además se ha enriquecido, y en ésta
ocasión no encontré mejor momento para recordar y conmemorar a uno de los
grandes artistas mexicanos, cómo lo fue José Guadalupe Posada (1852-1913),
primero, porque se cumplen cien años de su fallecimiento y segundo, porque
considero que no hay calavera más famosa en estos días de muertos, que la
creación favorita de Posada, como lo fue originalmente “la calavera garbancera”,
posteriormente redescubierta y revalorizada por Diego Rivera como “la catrina”.
José Guadalupe Posada,
fue un grabador, ilustrador de periódicos, gran caricaturista, pero algo
importante de remarcar es que siempre ocupó el arte como crítica social,
política, económica, cultural, etc. a través de sus dibujos estaba denunciando
las injusticias sociales, fue un fuerte opositor al régimen porfirista y
después intervino en la revolución, pero cuando tuvo que denunciar a los
principales actores como Francisco I. Madero y a Emiliano Zapata, lo hizo con
toda la valentía.
Por lo regular ser
crítico político no es tan complicado, pues los políticos dan demasiados
elementos todos los días para criticarlos y a veces despreciarlos, pero el Maestro
Guadalupe Posada fue más allá, con sus ilustraciones se convirtió en un fuerte crítico
de la sociedad mexicana por la falta de valores, principios e identidad y el
ejemplo más ilustre es el origen de la catrina.
Cuando el Maestro
Posada crea la figura que él llamó “calavera garbancera” en el año de 1910, era
una crítica para aquellos indígenas que se hicieron ricos durante el
porfiriato, muchos de ellos vendiendo garbanzo, pero creándoles el dinero un
sentimiento de “superioridad” y esta autoestima mal revolucionada, consistía en
sentirse europeos y renegar de sus orígenes, herencia, pasado, cultura,
costumbres, principios, en general la nueva sociedad de ricos querían pensar,
hablar y actuar como europeos, y la mejor forma de demostrar “superioridad” era
siendo catrines.
El Maestro Posada,
aunque muere en el olvido influyó en las futuras generaciones de artistas,
entre ellos, José Clemente Orozco y Diego Rivera, éste último dibujó a la
calavera junto a su creador en un mural que se llama “Sueño de una tarde dominical en la alameda central” y la bautizó con
el nombre que hoy en día se conoce como “la catrina”, es importa señalar que
hoy conocemos la grandeza del Maestro Posada gracias a Diego Rivera y el
Francés Jean Charlot.
La deuda que tenemos
con el Maestro José Guadalupe Posada es enorme y el reconocimiento tal vez no
sea el merecido, lo primero que tenemos que aprender de éste genial artista, es
amar lo nuestro, pensar y hablar como mexicanos, respetar nuestra cultura,
nuestra idiosincrasia y sobre todo nuestra lengua, el ejemplo más común de ésta
problemática se encuentra en el epígrafe de la presente columna ¿Folklore o
demosofía?
Para referirnos a
ciertas costumbres muy mexicanas, normalmente utilizamos la palabra folklore
que significa “cultura de un pueblo”, su origen es anglosajón y no tenemos
ninguna antepasado con esta lengua, pero como se escucha diferente, muy gringo,
es un término que hasta presumimos, aunque nos cueste escribirlo.
Para evitar conflictos
en la escritura, La Real Academia de la Lengua Española, manifestó que se puede
escribir folklore o folclor, pero mi apreciado lector, la palabra que
deberíamos utilizar para nuestras tradiciones y festividades es “demosofía” que
significa “sabiduría del pueblo”, Demo es igual a pueblo y Sofía a sabiduría,
el argumento consiste en que nuestra primera madre de la lengua es el latín y
nuestra segunda madre el griego, porque cuando se construyó el Latín éste se
enriqueció del griego.
Hoy ya no tenemos al
Maestro Posada para crearnos nuestra propia calavera, pero no hace falta,
porque en muchas ocasiones su calavera garbancera o la catrina, en diferentes
formas nos sigue representando, la triste diferencia consiste en que los indígenas
ricos de 1910 no eran muy letrados, y aparentemente nosotros sí.
Feliz día de todos los
santos y todos los muertos, conservemos la sabiduría del pueblo.
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miguel_naranjo@hotmail.com