Por Héctor Yunes Landa
En gran medida, la
revolución mexicana significó a la vez, un posterior adiós a las armas en
nuestro país, porque aún cuando después existieron enfrentamientos, la
población y sus líderes dejaron de lado la sangre y desolación, encauzando la
solución a las diferencias a través del diálogo y el entendimiento social.
La responsabilidad de que
las armas nunca vuelvan a ser usadas en una revuelta social, recae en el
quehacer cotidiano de quienes somos empleados públicos, pero también en la
participación de los luchadores sociales que anteponen el entendimiento verbal
y el intercambio pacífico de ideas por encima de cualquier tipo de violencia.
Una grata noticia, de la que
hace unos días fuimos testigos, fue el reconocimiento que se hizo al Distrito
Federal, al ser nombrada Capital Mundial de la No Violencia y reconocido su
gobierno por los programas implementados, entre ellos, el de desarme voluntario;
distinción otorgada en Hiroshima, Japón por la organización internacional
Alcaldes por la Paz.
Está claro que las naciones
con mejor calidad de vida en el mundo, son aquellas que saben resolver sus
problemas internos en mesas de negociaciones y, los problemas externos,
mediante la diplomacia como es el caso de Suiza, Suecia y Noruega.
México es visto como un país
con buenos pronósticos, con reconocimiento internacional, con mucho potencial
para llegar a ser una de las economías más fuertes del mundo, sin embargo, justamente
nuestra dificultad histórica ha sido lograr el acuerdo y unificar las voluntades
para avanzar por el mismo camino.
Coincido en que no podemos
conformarnos sólo con alcanzar el crecimiento económico, debemos poner mayor
atención en lograr un desarrollo integral y que realmente se mejore la calidad
de vida de todos los ciudadanos, ya que de poco sirve tener una economía sólida
y próspera si esta no se ve reflejada en los bolsillos de los mexicanos
mediante una correcta distribución de la riqueza generada.
Nuestro reto está claro y
por eso es importante recordar nuestra historia para no cometer los mismos
errores.
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