TIERRA DE BABEL
Nos gobiernan los hombres y no las leyes
El pasado 23 de
noviembre fue Día Mundial contra la Impunidad, y si todo el mundo conoce lo que
ella significa y representa, ¿pa’ qué mostrar las estadísticas y los recuentos?
Siempre lo he dicho y lo seguiré diciendo: impunidad me huele a inmunidad y a
inmundicia. Taylor Caldwell expresó que cuando un gobierno difama, destruye y asesina,
lo puede hacer con toda impunidad, porque ahora nos gobiernan los hombres y no
las leyes. ¿Será posible? Clarines que sí, y en esta sociedad podrida, tal
parece que la esperanza de la impunidad es para muchos hombres una invitación
al delito, dijera Pierre Villaume. Aunque hay por ahí quienes se empeñan en lo
contrario, en dar un lucecilla de esperanza pero no a la impunidad.
¡Qué enfermos estamos! Al menos a mí me
enferma la impunidad, como al escritor Javier Marías. Algo tenemos que hacer;
mínimo no cruzarnos de brazos. Porque, finalmente, tendríamos que decir, con
Carlos Monsiváis: “Quédate con los honores, Presidente, que cuando termine tu
mandato, yo me quedaré con la impunidad”.
Y la impunidad tiene su parentela, como
la discriminación que no tiene pa’ cuando acabar. Hay muchos casos registrados,
aquí y en China. Ahí están también las estadísticas. Por ejemplo, dice el
titular de la Unidad de Desarrollo social De la Comisión Económica para América
Latina y el Caribe (Cepal), Pablo Yanes, que en México y América Latina existe
una alta correlación entre la desigualdad y la discriminación, y recomendó a
los gobiernos incorporar en la elaboración de sus políticas sociales y
económicas la voz de todos los grupos excluidos, discriminados y desiguales.
¿Ya valimos?
Incluso ahí están “los casos de los
pueblos indígenas, cuya marginación se ha profundizado y prácticamente
petrificado, no sólo por un problema de redistribución de la riqueza, también
por la profunda discriminación que persiste desde la elaboración de las
políticas gubernamentales hasta la ideología y la visión cultural que reproduce
la clase dominante”. (La Jornada/9-10-13).
¿Será?
Bien lo expresó William Faulkner: “Vivir
en cualquier parte del mundo hoy y estar contra la igualdad por motivo de raza
o de color es como vivir en Alaska y estar contra la nieve”. Pos sí, pero somos
testarudos.
Según el Consejo Nacional para Prevenir
la Discriminación (CONAPRED), las prácticas como la intolerancia, la
discriminación y el racismo, son cotidianas y a veces imperceptibles para quien
las causa o recibe, de ahí que cualquier persona o grupo pueda emitir y/o
recibir algún trato desfavorable e inmerecido a causa de ciertos prejuicios y tolerarlo
por no darse cuenta. Ciertísimo; incluso hasta nos miran con ciertos ojos…
Y según Parametría, tal vez los mexicanos no se percaten de la
intolerancia y discriminación de la que son víctimas y victimarios; la
población rechaza en gran medida a las personas con cierto aspecto físico, las
menos religiosas o ateas, y aquellas consideradas pobres o con menor poder
adquisitivo. Ajá, pinche prole, ¿no?
Como dicen que dijo Samantha Aguilar Alegre, la ex Reina del Carnaval
de Xalapa y demás currículo, “maestros mugrosos y campesinos apestosos, feos e
infelices”. Lindo, lindo, lindo…
En mi caso, lo digo con la escritora canadiense Margaret Atwood, “espero
que las personas finalmente se den cuenta de que sólo hay una raza -la raza
humana- y que todos somos miembros de ella”.
Los días y los temas
Preciso, directo y
atento, como suele ser. La comparecencia del Secretario de salud, Juan Antonio
Nemi Dib, fue nutritiva, vaya. Incluso hasta les dejó tarea a los diputados.
Nomás les dijo: “Es urgente plantear un nuevo marco jurídico en materia de
salud que busque dar respuestas a los problemas actuales, y que prepare lo que
viene mediante una legislación moderna. Debe actuarse para superar
ineficiencias e inequidades y dar satisfacción y seguridad a los usuarios. Este
propósito sólo puede construirse, no se trata de un destino inevitable y por
ende, se requiere del compromiso y la acción de todos.
“Necesitamos un marco jurídico que conceda, por ejemplo, más facultades
a los ayuntamientos en materia sanitaria, que regule eficientemente, con
transparencia, sin dar lugar a interpretaciones, asuntos como trasplantes,
subrogación de útero, cuidados paliativos, eutanasia, y tantos otros temas que
reclaman actualización conceptual”.
Por lo pronto, ahí se ven.