Números Rojos
Brenda Caballero
Generalmente, la
ciudad es un caos y con la llegada de Melchor, Gaspar y Baltasar se complica
aún más pues muchos centros comerciales, panaderías y vialidades se encuentran
atascadas.
Como mi sobrino
Santiago, de apenas 20 meses, aún no escribe, sino sólo tartamudea “mamá, papá,
nene, teté”, era un poco complicado que mandara su carta a los Reyes Magos, por
lo que la familia se dio a la tarea de hacerle de asistente de los Magos de
Oriente para no dejar pasar este tradicional día.
La primera idea de mi
hermana era un dinosaurio con sensores... “¡válgame dios! ¿Qué es eso?”, le
dije, pues era nada más y nada menos que un muñeco electrónico que se toca y
con la sensación de los dedos camina, hace ruido y extiende una especie de
aletas... ¡Arriba de dos mil pesos el chistoso juguetito! Desde luego que fue
descartado por caro y porque no era la mejor opción para un niño de su edad;
seguramente los sensores del Dino morirían ante el aventón de Santiago.
Aunque la modalidad
ha cambiado hoy en día, pues las familias hacen “la coperacha” para comprar lo
anhelado por los pequeñines, endeudarse un rato con la tarjeta o en caso
extremo, ir al monte de piedad.
Actualmente, las
grandes tiendas comerciales ofrecen diversas promociones como meses sin
intereses, descuentos o monederos electrónicos que son opciones más cómodas
para llevar la cuesta de Reyes, aunque la idea es buena, no se acelere
comprando ya que si tiene otras compras en mensualidades, se sumarán a las
existentes produciéndole cierto dolor de cabeza.
Después de tanto
caminar e ir de tienda en tienda, viendo juguetes y comparando precios, por fin
encontramos el regalo ideal para Santiago: Una resbaladilla de plástico. Los
Reyes estarían contentos pues tenía descuento y estaba en paguitos pequeños.
¡Pues ni modo, ya qué! ¡tarjetazo! Ya
aunque en 2014 la nueva reforma que lleva la Secretaría de Hacienda fiscalice
mi tarjeta.
Seguramente con lo
inquieto que es, estará feliz de subir y bajar unas ochenta veces al día ¡No
así sus padres! que tienen que andar tras él.
Toca el turno a la
tradicional Rosca de Reyes, la primera prueba del año, con eso de los nuevos
impuestos a los productos que tienen calorías subirán de precio. Después de
visitar varias panaderías con promociones del 3 por 2 o con chocolate regalado,
al parecer los precios eran cómodos, había Roscas desde 25 pesos hasta 300
pesos; precio módico a pagar por “casi” cualquier familia y poder saborear un
pedacito del tradicional pan con una taza de chocolate o de perdis un café: “¿a
poco no subieron de precio?”, me dijo mi marido; tal parece que no, pues desde
el año pasado se mantuvieron igual, aunque al abrirla ¡sorpresa! y no era el
muñeco, ¡sino el tamaño! ¡se achicó! ¿o no le pondrían levadura suficiente?
V
¡Qué tiempos los de
hoy! la tecnología se impone. Un chisme que nos pasaron directamente los Reyes
Magos es que muchos niños ya no piden juguetes, sino celulares, tablets,
iphones, ipads y juegos de video. Aplaudo la modernidad y la tecnología porque
nos hace crecer y mejorar habilidades; sin embargo, no concibo cómo un niño o
niña de 11 ó 12 años tenga un teléfono de más de 10 mil pesos ¡ para hacer
llamadas!
Oigo los pasos de
Santiago que se acerca señalando que le bajen un pequeño recipiente blanco.
Pide que lo abran y
que le hagan burbujas de jabón… Se emociona tratando de alcanzarlas, de
tocarlas, ríe frenéticamente divertido y vuelve a pedir más… está feliz,
contento, y me hace recordar que lo que importa es el juego, no el juguete.