Los Políticos
Mancera y su salario mínimo
Salvador Muñoz
La propuesta de Miguel Ángel Mancera de elevar a 80 pesos el
salario mínimo suena fantástica en una primera instancia… digo, estoy seguro
que un alto porcentaje de mexicanos está que se lo lleva la madre con el sueldo
que gana y más en estas fechas de útiles escolares, uniformes así como
inscripciones… el regreso a clases se convierte un regreso al Monte de Piedad.
Sobrevivir con el salario mínimo bien debiera ser una
disciplina a incorporar en los próximos juegos centroamericanos y del caribe
como juego de exhibición, pues se quiera o no, millones de mexicanos y
veracruzanos la practicamos todos los días.
II
¿Se sorprenden que las tallas de los niños hayan aumentado?
Vamos, se llena uno más fácil y más barato con una coca y un gansito; lo que
uno puede invertir en estos dos productos apenas si alcanzaría para comprar un
emparedado o torta digna de llamarse tal.
Por eso, cuando se oye la propuesta de Miguel Ángel Mancera,
jefe de Gobierno del DF, de incrementar en 80 pesos el salario mínimo, suena a
delicia, a ambrosía, hasta una cierta panacea en el bolsillo se puede sentir
nomás de imaginar ese incremento…
Pero, sinceramente, ¿17 pesos más al salario mínimo creen
que resolverían el problema de millones de mexicanos que sobrevivimos con el
“mínimo”?
Sinceramente lo dudo…
III
El sábado me da 150 pesos la mujer para hacer compras. Vamos
bajando y nos encontramos a una improvisada junta de vecinos que piden
cooperación para el cerrojo de la puerta principal y la limpieza del jardín del
edificio… ¡y ahí se van 25 pesotes!
Vamos a los jugos, y una buena noticia ¡bajó cuatro pesotes
el litro de jugo! Se lleva dos la mujer así como tres de toronja que araña los
20 pesos por cada uno.
La señora del jugo nos dice que bajó el precio porque la
naranja buena obligaba a vender el litro en arriba de 20 pesos y si bien, la
gente demanda jugo de naranja, no iban a pagar más de 20 pesos por un litro.
Vemos enfrente al hombre de las nieves… de zarzamora con
queso Philadelfia y de guanábana. El calor amerita un pequeño gusto. Atravieso
la calle mientras me espera la mujer. Pido un sabor de cada cual y cuando veo
el vasito chiquitito, le digo que no, que en uno más grande y me complace:
“¿Cuánto es?”, pregunto. “50 pesos”... ¡bien trabado! Por supuesto, los pago,
porque a veces también de orgullo uno se alimenta. Lo sé, me espera una
regañiza del otro lado de la calle…
Cuando hacemos cuentas, cinco o siete pesos regresan con
nosotros del viaje alrededor de la manzana…
Por la tarde, viendo la televisión, me dice la mujer si
gusto jugo de naranja. Me sirve y en cuanto lo pruebo ¡casi lo escupo! “¿Qué es
esto?” y me responde: “El jugo de naranja”, y entiendo el porqué bajó de
precio… y me lo tomo… sí, ya pagué mucho por unos helados como para ponerme
roñoso con algo parecido al zumo de naranja.
IV
Si hubiera que hacer un incremento al salario mínimo, soy de
la idea de que éste debiera de ser entre 150 y 200 pesos para que al menos
viéramos una despensa digna en nuestra alacena… pero… sí, esta maldita
preposición que viene a truncar esos sueños guajiros de Miguel Ángel Mancera y
los míos… la mujer me dice: “¿Ya has pensado en el Infonavit?”
—¿Qué tiene?
—Tus pagos son en función del salario mínimo; a cada
incremento del salario mínimo, aumenta tanto la cuota que pagas por la casa
como por el préstamo que te hicieron…
—O sea que si hay incremento…
—Pagarías más al Infonavit… y sin tomar en cuenta las
multas, cualquier multa, que son en función también de los salarios mínimos…
O sea, al menos yo, pierdo con las ocurrencias de Mancera…
smcainito@gmail.com