Al Estilo Mathey
La amistad, el amor y el honor militar
Por Gustavo Cadena Mathey
Buen día, apreciado lector:
Se extingue febrero, mes del amor y la amistad, que junto al Día de la Bandera nos recuerda que las fechas cívicas vuelven cada año, alimentando la vida humana que, en cambio, no se renueva.
En medio de estos días convulsos, cuando el gobierno federal decide el combate oficial a la violencia, al reportero se le ocurrió charlar de estos temas con personas sensibles, que valoran la vida, la amistad, el amor, el honor.
Para mi amigo el afamado papantleco Rafael Martínez Zaleta, médico militar y escritor, la amistad suele considerarse como una relación bilateral de correspondencia mutua, de esos afectos que uno entrega con emoción y recibe con alegría.
“La amistad —dice Rafael— debe ser correspondida; si no hay correspondencia, no hay amistad. Aquí estriba la gran diferencia con el amor: la amistad se entrega y se recibe recíprocamente, mientras que el amor puede existir de manera unilateral; uno puede amar sin ser amado.”
La amistad y el amor son sentimientos que emanan del alma. Mientras la primera da bienestar y sentido a la vida, el segundo nos hace vivir en un mundo de fantasía, con múltiples significados e interpretaciones. El amor es maravilloso, mágico, inolvidable; se deja llevar por la tristeza, la alegría, la nostalgia, la incertidumbre. Se gasta con los celos, se fortalece con la confianza, se nutre con atenciones, caricias y pequeños detalles.
Lo idóneo, por supuesto, es que el día de la amistad no sea único entre los 364 restantes, que no sea la excepción sino la constante. Que haya muchos catorce de febrero y que todos los días nos esmeremos porque haya concordia, prudencia y tolerancia en nuestras relaciones, en el trabajo, en nuestro hogar.
Porque en la luz de cada amanecer renovemos nuestras energías para comprendernos mejor, minimizar defectos y exaltar virtudes; que en tiempos de escasez sepamos darnos consuelo y solidaridad, y en tiempos de abundancia sepamos compartir la gracia de Dios.
Comenta don Rafael que aprovecha la gran oportunidad que brindan los diversos medios de comunicación para enviar a los lectores un cariñoso saludo, aunado a su invariable amistad y especial reconocimiento por su labor y alta preparación, a la Maestra Yuri E. Mendoza, bien hecho.
El honor militar. Teniente coronel Marino López Patraca
Por otra parte, conversé con el acayuqueño Marino López Patraca, teniente coronel retirado, sobre la tristeza que despierta la muerte de militares —varios de ellos jóvenes— en las operaciones que realiza el Ejército mexicano.
El amigo y paisano explica que la mayoría de la tropa ingresa desde los 17 años, hace su adiestramiento básico y se integra en la estructura militar.
“Es la vida del militar —me dijo—, se casa con la patria. Para el soldado no existen pretextos ni justificaciones para estar diariamente al servicio del país; carece de vida social y a veces hasta familiar.
Y cuando le toca enfrentar a los enemigos del pueblo, lo hace sin miedo, dando hasta su vida por la paz de la ciudadanía. A veces sufre el desprecio y desacreditación de personas que no tienen la remota conciencia de su noble misión. Desde su formación como recluta se le inculca el amor a México y los principios de lealtad, valor, honor, integridad, dignidad, disciplina y sacrificio. QEPD mis compañeros de armas que murieron en cumplimiento de su deber, en los enfrentamientos recién acontecidos. Dieron su vida por el ¡Amor a México!”
Y como siempre insisto: tengamos paz y armonía en el hogar. Cuidemos el agua, las plantas… y también la democracia. Porque igual que el WiFi, si no se protege, un día se cae y nos deja incomunicados. Y la democracia, a diferencia del internet, no tiene repetidor. ¡Aguas!
gustavocadenamathey@hotmail.com
(Premio Nacional de Periodismo)
