Cuaresma: bajar el ruido y recomenzar
Por Ruan Angel Badillo Lagos
¡Hermosa la pluma del mensajero que trae buenas nuevas!
Del signo de la ceniza al amanecer pascual, cada año se entra en un ritmo distinto. Ha comenzado la Cuaresma, las calles con vía crucis, parroquias con horarios ampliados de confesión y obras sociales en esfuerzo redoblado dibujan el mapa de una ciudad atenta a estos 40 días, tiempo propicio para ordenar la vida y volver a Dios. No es nostalgia —dicen sus protagonistas—; es un alto necesario en tiempos de prisa.
En Xalapa, ese propósito se concreta en tres verbos transversales a barrios y generaciones, es decir, orar, ayunar y compartir. La oración adopta acentos locales. En el centro de la ciudad fieles ocupan la catedral, parroquias y capillas entre semana; en las colonias como Revolución o Lomas Verdes pequeñas comunidades organizan vigilias breves, cursos y catequesis. “Apago el celular 20 minutos, leo el Evangelio del día y camino por el parque Los Tecajetes; regreso con menos ruido en la cabeza”, menciona Carlos, estudiante.
El ayuno, antes ligado a la mesa, se expande al estilo de vida. “En el hospital vemos colegas pactar guardias sin quejas y sostener consultas interminables”, dice Angélica, enfermera practicante del Hospital Regional de Xalapa Dr. Luis F. Nachón. Universitarios relatan dietas digitales. Surge además un gesto simple, o sea, consumir productos locales y de temporada en mercados como el Jáuregui, con el fin de reducir desperdicio y apoyar a productores.
La limosna —caridad concreta— adopta formas discretas. En Cuaresma, y siempre el primer domingo, se celebra el Día de la Caridad. En este las personas llevan despensas en especie y donativos en efectivo. No aparecen grandes cheques, pero sí constancia. Quienes aportan frijol, aceite u otros básicos sostienen la ayuda. Cáritas parroquiales reportan mayor demanda, asesoría laboral y consultas en el dispensario médico; en las parroquias aumenta la pregunta: “¿en qué puedo ayudar?”.
Los domingos, aun en tiempo penitencial, conservan tono de respiro. Son pequeñas pascuas; “nos recuerda que el camino no es agrio”, comenta el párroco del Calvario. El calendario litúrgico marca hitos, el desierto y las tentaciones invitan al discernimiento sin autoengaño; la Transfiguración anticipa la luz; la samaritana, el ciego de nacimiento y Lázaro funcionan como metáforas de sed, vista y vida nueva. Espejos del alma xalapeña, búsqueda de agua clara. “Celebramos los 50 años del inicio de la Renovación Carismática en el Espíritu Santo”, apunta el coordinador de la comunidad Nueva Jerusalén de la parroquia de Nuestro Señor del Calvario, Chano Vásquez.
Los signos hablan sin gritar. La ceniza en la frente recuerda fragilidad y decisión de cambio. El morado litúrgico viste templos con sobriedad. “El vía crucis, llevado con frecuencia a las calles, traza un mapa del dolor acompañado. No romantiza el sufrimiento, sino que lo convierte en camino compartido”, dice Diego, docente.
Algunas claves prácticas circulan entre fieles. Estas son una lista de tres reconciliaciones pendientes y una agenda cuaresmal con propósitos concretos. “Mi ayuno es deprisa, pues camino por Enríquez sin audífonos, respiro y saludo”, confiesa Sofía.
Al final, la Cuaresma en Xalapa propone cambio de vida, menos ruido, más escucha; menos yo, más nosotros. Entrenamiento cotidiano rumbo a Pascua, con vida más ordenada y corazón disponible para Dios. Tiempo oportuno para regresar a Él.
