Resulta que sí fue Pemex;
vuelven a correr al maquinista
Por Héctor Yunes Landa
Durante un par de meses, el gobierno de Morena intentó ocultar lo evidente. Que si eran emanaciones naturales, que si un buque privado contratado por el gobierno de Peña, que si el petróleo venía del mar, que si no había evidencia concluyente. La única conclusión: Pemex no era el responsable.
Mientras tanto, en las costas de Veracruz, el petróleo avanzaba silencioso, manchando playas, matando fauna y asfixiando la economía local.
Resulta que desde el 6 de febrero conocían la fuga y al responsable. Los reportes internos calificaban el incidente como “simple lagrimeo”, sin embargo, desplegaron once embarcaciones utilizadas para contener, recuperar y dispersar hidrocarburos.
Ante la evidencia irrefutable, Pemex reconoció un crimen brutal: decidió no detener completamente el flujo del ducto, lo que contribuyó a prolongar la duración y magnitud del derrame. El cierre de la válvula principal se realizó hasta el 14 de febrero, ocho días después de detectada la fuga. Y aun así dijeron que no sabían.
Estos datos forman parte del informe presentado, demasiado tarde, a la presidenta Sheinbaum.
El problema no es solo el derrame. Es el manual que parece repetirse: negar, minimizar, culpar al pasado, desviar la atención y aceptar cuando ya es imposible ocultarlo. Así funciona el gobierno de Morena.
La verdad, como suele ocurrir en estos casos, no llegó por voluntad del poder, sino por presión de los hechos: imágenes satelitales, denuncias ambientales, testimonios y evidencia técnica terminaron por derrumbar la narrativa oficial.
Y entonces sí, cuando ya no había margen para la simulación, vino la admisión: el derrame sí se originó en instalaciones de Pemex. Sólo ellos lo dudaban. No hay instalación petrolera, empresa privada o navío con tal capacidad de contaminación que Petróleos Mexicanos.
Porque no se trata únicamente de que ocurra un accidente —algo siempre posible en la industria petrolera—, sino de que no se informe, no se contenga a tiempo y se construyan versiones falsas mientras el daño crece.
Las cifras oficiales siempre se quedan cortas frente a la realidad. En Veracruz, el derrame no solo es una mancha en el mar: significa la pesca paralizada, el turismo cancelado, comunidades enteras sin ingresos y un ecosistema dañado por años.
Hace un par de semanas pretendí proponer en el Congreso local un exhorto a la gobernadora Nahle para que emita, de manera urgente, el Acuerdo que determina una situación estatal de desastres u otros siniestros, con motivo del derrame de hidrocarburos en nuestras costas.
El Acuerdo que propongo se fundamenta en una reforma presentada por la mandataria y aprobada por unanimidad en el Congreso. Pero la respuesta de la mayoría morenista fue reventar el quorum para impedir hablar del derrame, como se los ordenaron desde palacio de gobierno.
Y como en la tragedia del tren interoceánico, Morena sacrificó al maquinista. Los funcionarios menores se convierten en chivos expiatorios, mientras la alta burocracia permanece intacta.
Al final, la narrativa oficial y la escasa credibilidad oficial cayó por su propio peso. No fue un buque. No fue un fenómeno natural. No fue el pasado...
Fue Pemex.
La puntita
Cuando los legisladores de Morena huyen despavoridos del salón de sesiones provocando la pérdida del quórum -sólo para impedir el debate parlamentario-, ni siquiera entienden que no abandonan el pleno, sino a la Gobernadora, a quien realmente representan.
