Merlín: La terapia del pato
Por Helí Herrera Hernández
Tenemos un gobierno de patos, antes que humanos.
Desde que entro MORENA a Palacio Nacional tenemos un gobierno que dice mentiras, muchas mentiras.
Podría en esta entrega llenar por lo menos tres cuartillas de ellas, pero no es el caso. Baste con decir que el dueño de ese movimiento nos prometió que, desde el primer día que fuera presidente de México, íbamos a comprar la gasolina a 10 pesos el litro, y a los 7 años y medio que llevan en el poder, ésta cuesta entre 28 y 30 pesos. Nos dijo que nuestro sistema de salud iba a dejarlo mejor que el de Dinamarca, y estamos peor que cuando el entro. Prometió que iba acabar con la corrupción y mintió; allí están los casos de SEGALMEX (la estafa maestra de la 4T), con un robo cometido por morenistas por más de 15 mil millones de pesos, y ni qué decir del huachicol fiscal, que supera los 600 mil millones de pesos.
La lista de mentiras es larga. Apenas la semana que recién terminó la presidenta volvió a echarnos una más, pero ésta totalmente insensible, contraria al principio que dicen ellos abrazar: el humanismo.
Afirmo en la mañanera del 24 de junio, a la pregunta que le soltó un periodista de los -no afines a MORENA-, que porque había invitado y recibido, con bombo y platillo al pato Merlín y nunca a las madres buscadoras, que “”si las ha atendido en Palacio Nacional, pero que no les hace propaganda a esas reuniones””.
Ipso facto la reportera Miriam Moreno se dio a la tarea de buscar a varios colectivos de madres que llevan años buscando a sus familiares desaparecidos, que insistentemente solicitaron audiencia primero a don Andrés Manuel, y luego a doña Claudia, y de manera unánime la desmintieron. La acusaron de mentir porque hasta la fecha, no las ha atendido, porque no tiene voluntad para escuchar sus angustias, sus desventuras, sus amargos relatos, sus penas de no encontrar a sus seres queridos, y de no contar con los apoyos gubernamentales mínimos, para agilizar las búsquedas.
Si, miente la presidenta con un tema tan delicado que por lo menos, merecería respeto, solidaridad y amor al prójimo.
En cambio, basto que una familia le pusiera a un pato una playerita de la selección nacional de futbol y unos cacles iguales, como para que la ejecutiva federal se desviviera por Merlín, para que, como aquel Merlín del siglo V, que se convirtió en consejero del Rey Arturo y aparecía y desaparecía a personas, leía la mente y cambiaba apariencias físicas, este pato Merlín desde Palacio Nacional auxilie a la presidenta a desaparecer con magia la corrupción que permea en el gobierno federal y en los estatales. Solucione el desabasto de las medicinas en los hospitales públicos. Desaparezca a los criminales que azuelan la república, entre tanta ayuda que requiere por los problemas que la agobian.
Si tenemos un gobierno de gansos (amlo) y de patos (Merlín).
