viernes, 4 de septiembre de 2026

 


LA GRIETA DEL 2027

Salvador Muñoz

Orizaba, Boca del Río, Poza Rica, Papantla, Cosoleacaque… ¿un distrito de Xalapa?

No son muchos. Tampoco son pocos.

Son, en principio, algunos de los distritos locales donde Morena y sus aliados podrían encontrarse en 2027 con una elección bastante distinta a esa caminata triunfal que algunos imaginan desde ahora, porque una cosa es tener el poder; otra, las encuestas; y una muy distinta, abrir las urnas.

En Orizaba, por ejemplo, el Verde ya tuvo oportunidad de medir hasta dónde llegaba su fuerza legislativa con Igor Rojí. La elección municipal volvió a poner algunas cosas en su lugar con el mismo Igor Rojí y confirmó que ahí el PRI todavía sabe dónde están las canicas, quién las guarda y, sobre todo, cómo jugar con ellas.

No es garantía de triunfo para el tricolor, por supuesto, pero tampoco sería prudente para Morena y compañía entrar a ese distrito silbando y con las manos en los bolsillos.

Boca del Río es otra historia.

Ahí hay civilidad política con la vecina, con la Gobernadora y con quien sea necesario, pero una elección es una elección. Para el PAN significa conservar quizá la última gran joya de su corona veracruzana; para Morena, arrancársela sería un trofeo político que podría presumir durante años. Y aunque falta mucho trecho, hoy los momios parecen favorecer a la casa azul.

Luego vienen Poza Rica y Papantla.

Ahí Morena carga un equipaje que cada día pesa más. El tufillo que dejaron los procesos municipales, las acusaciones de fraude, las inundaciones, la respuesta de las autoridades, la inseguridad y, principalmente en Poza Rica, una violencia que ha terminado por convertirse en parte de la conversación cotidiana.

Y mientras Morena administra el desgaste, Movimiento Ciudadano seguramente toma nota. Ya le hizo la travesura una vez. ¿Por qué no pensar  que pueda intentarlo otra?

Cosoleacaque será otra cosa.

Ahí habrá que esperar nombres. Porque hay municipios y distritos donde los partidos ponen una parte de los votos y los candidatos ponen la otra. Si aparece un Vázquez en la boleta, más vale que Morena no se confíe.

Y Xalapa… Xalapa siempre merece capítulo aparte. La capital tiene algo de “contreras”. No necesariamente de derecha, izquierda o centro; es contreras contra el que manda. Es burocrática, universitaria, clasemediera, politizada, crítica y, cuando se le atraviesa, antigobierno, antisistema, antiEstado y hasta anti lo que usted guste y mande. Dependerá muchísimo de los candidatos.

Hasta ahí, pudiéramos hablar de cinco o seis distritos donde Morena y el Verde tendrían razones suficientes para no echar las campanas al vuelo.

Pero ésa no es la grieta. La grieta puede llamarse PT. Sí, ese PT que por sí solo puede aparentar tener la potencia de un Tehuacán sin gas. Porque el asunto no está necesariamente en cuántos distritos pueda ganar el Partido del Trabajo, sino en cuántos pueda hacer perder a Morena. Y ahí aparece una operación que pudiera ponerse interesante: la cacha-candidatos. Cuando Morena comience a repartir candidaturas, la tan cacareada unidad tendrá que superar su prueba más difícil.

Mientras todos son aspirantes, hay abrazos. Mientras todos aparecen en las encuestas, hay sonrisas. Mientras todos creen que pueden ser, hay unidad, transformación, segundo piso y fraternidad revolucionaria.

El problema empieza cuando sólo uno es candidato. Entonces aparece el compañero que ya no era tan compañero, la encuesta que estaba cuchareada, el grupo que no fue tomado en cuenta, la promesa incumplida y el clásico “yo traigo más gente que ése”. Y si enfrente está el PT con la puerta abierta… “¡Pásale, compañero!”

Porque un candidato resentido no llega solo. Trae operadores, estructura, amigos, algunos alcaldes, regidores, líderes de colonia, empresarios, grupos políticos y uno que otro patrocinador dispuesto a demostrar que la dirigencia de Morena se equivocó. El PT no tendría que ganar. Le bastaría con partir el voto.

Ahí es donde cinco o seis distritos complicados pudieran convertirse en ocho, diez o quizá alguno más. Y eso seguramente no forma parte de los buenos deseos de Rocío Nahle para 2027, cuya apuesta natural pasa por mantener unidos a Morena, Verde y PT porque separados, el adversario no necesariamente sería el PAN, PRI o Movimiento Ciudadano. El adversario podría terminar siendo un morenista vestido de petista.

Lo curioso es que tampoco habría que preocuparse demasiado si alguno gana. Ya conocemos la historia. El PT puede postularlo, llevarlo al Congreso y hasta presumirlo como diputado suyo. Después Morena verá cómo recuperarlo.

Total, en la actual Legislatura el Partido del Trabajo empezó con bancada y el camino terminó por adelgazarla hasta desaparecerla. Así que hasta pudiera funcionar como estrategia electoral: El PT le quita diputados a Morena en las urnas… y Morena se los recupera en cómodas mensualidades durante la Legislatura. La unidad, pues, existe.

Nomás falta saber hasta cuándo.