martes, 29 de septiembre de 2026



Los Políticos 

 NACHO LUNA, EN EL OJO DEL PETARDO

Por Salvador Muñoz


En Coatepec, la pirotecnia tiene una ventaja sobre los acuerdos de Cabildo y sobre sus ciudadanos: los cohetes sí se hacen escuchar.

Los vecinos lo padecieron durante la noche del lunes y la madrugada del martes. En los mensajes que circularon en redes aparecen niños que no podían dormir, mascotas alteradas y personas que, con jornada laboral por delante, pedían algo bastante modesto: descansar. Ni siquiera pedían un favor sino que se cumpliera una prohibición aprobada por el mismo Ayuntamiento.

El artículo 49 del Reglamento de Bienestar y Protección Animal prohíbe el uso de pirotecnia en el municipio. Ahí están incluidos los cohetes, petardos y demás artefactos con los que algunos parecen medir su devoción: a mayor estruendo, mayor cercanía con el cielo. Abajo, mientras tanto, los vecinos se tapan los oídos.

El asunto tiene un antecedente demasiado reciente para alegar desmemoria. Durante el Grito de Independencia hubo pirotecnia con detonaciones. Después de las críticas, el gobierno de Nacho Luna explicó que había solicitado un espectáculo luminoso y anunció un procedimiento para sancionar a la empresa proveedora. El Ayuntamiento quedó o fue sorprendido… o ambas.

Ahora, con las quejas por los cohetes de la fiesta patronal, habrá que saber qué quedó de aquella sorpresa. Si sirvió para revisar cómo se haría cumplir el reglamento o apenas alcanzó para redactar la explicación. Podemos darle el beneficio de la duda a Nacho Luna de que lo “sorprendieran” una vez. Para ésta, ya tendría que haber llevado la tarea hecha.

Pero en Coatepec parece que las prohibiciones están hechas de papel y saliva: papel para publicarlas; saliva para explicar el porqué nadie las respeta.

Si el estruendo y las luces de la pirotecnia hacen voltear al cielo, igual obliga a mirar lo que está pasando alrededor de la fiesta a San Jerónimo.

San Jerónimo convoca a familias, arqueros, artesanos y vecinos que trabajan durante semanas para sostener una tradición. Hay fe, memoria y esfuerzo comunitario. Todo eso merece una autoridad que lo cuide.

¿En qué momento la celebración religiosa empieza a servir de pretexto para que el alcohol gane terreno y la convivencia familiar tenga que buscar por dónde pasar?

La pregunta exige revisar permisos, horarios de venta, vigilancia y consumo en la vía pública. También exige averiguar quién vende, bajo qué condiciones y quién supervisa. Una fiesta multitudinaria requiere algo más que un programa bonito y una invitación del alcalde.

El santo pone el nombre. Sería bueno saber quién pone las reglas y no las aplica.

La mañana de este martes 29 de septiembre llegó la noticia más grave. De acuerdo con el reporte de Hugo Cruz Ojeda, un joven murió por disparos durante una riña, cerca de las siete de la mañana, en Hernández Hernández, por la caja de agua. La nota refiere consumo de alcohol entre grupos de jóvenes durante la noche y madrugada. Policías y socorristas acudieron; estos últimos confirmaron el fallecimiento.

La investigación deberá establecer cómo ocurrió la agresión y quién disparó. El consumo de alcohol referido en la nota no resuelve por sí solo esas preguntas.

Al Ayuntamiento le corresponden otras: ¿qué vigilancia había durante la velada?, ¿cómo se supervisó la venta de bebidas?, ¿qué medidas se tomaron para evitar que una discusión terminara en violencia?

La llegada de patrullas y paramédicos acredita una respuesta a la emergencia. Queda por explicar la prevención.

En el aviso de suspensión de la Bajada de los Arcos que circula con los emblemas municipales se habla de “recientes acontecimientos” en Hernández y Hernández y de condiciones meteorológicas.

Si esos acontecimientos se refieren al homicidio reportado, merecen una explicación clara. Una muerte no cabe cómodamente entre el pronóstico del tiempo y el agradecimiento por la comprensión.

Nacho Luna está en el ojo del petardo. Tiene vecinos que reclaman descanso, una prohibición cuya aplicación cuestionan y una celebración que necesita recuperar la seguridad de sus familias.

San Jerónimo ya tiene quién le rece. Coatepec necesita quién haga cumplir las reglas, empezando por quien las crea…