un negocio
Por Helí Herrera Hernández
plaz acaracol@hotmail.com
Twitter: HELIHERRERA.es
Terminada la segunda guerra mundial, tanto los Estados
Unidos como la Unión Soviética comenzaron a diseñar una estructura defensiva,
ante la posibilidad que cualquiera de ellos invadiera o atacara al otro, o
alguno de sus países afines. Así surgen en ambas naciones infinidad de empresas
de alta tecnología vinculadas a la industria armamentista, primordialmente en
la década de los cincuentas, que al estar provistas de enormes
subvenciones se multiplicaron
espectacularmente.
La
guerra fría como la conocemos históricamente fue el motor que, impulsando el
miedo, propalo la fabricación de modernas armas, en una fusión entre las
empresas armamentistas con militares de alto rango, que al jubilarse eran
contratados inmediatamente no por su capacidad para la construcción de estos
artefactos de la muerte, sino como cabilderos prácticamente cuya tarea
principal consistía en buscar y/o proponer al gobierno norteamericano,
declaratoria de guerras contra otros países o su invasión, y así vender sus
productos.
El
discurso pronunciado por el presidente Dwight Eisenhower al terminar su mandato
en 1961 dio paso a la constitución del Complejo Militar Industrial (Daniel
Guérin en su libro fascismo y grandes negocios lo relata con extraordinaria
sapiencia y cúmulo de datos), dado que institucionalizo la carrera
armamentista, y así, ese ente no solo tenía la responsabilidad de construir
armas cada vez más letales para la defensa del territorio norteamericano, sino
de fomentar el espionaje en el bando contrario (URSS) para robar secretos
militares, o de plano, para sacarlos de allá y traérselos sobornándolos con
millonarias cantidades de por medio.
Poco a
poco la mentalidad capitalista se fue apoderando de la industria armamentista
en los Estados Unidos dada su alta producción de artefactos de guerra.
Almacenados en silos de nada les servían a sus fabricantes y fue allí cuando se
plantearon ellos, y posteriormente lo discutieron con su gobierno, la
exportación de guerras como medio para
que el negocio multimillonario siguiera su parábola ascendente.
Así
surgió Vietnam o segunda Guerra de Indochina entre 1955 y 1975, que se tradujo
en la primera derrota bélica de los Estados Unidos que le costaron más de 55
mil muertos y miles de desaparecidos; antes el enfrentamiento entre Corea del
Norte y Corea del Sur (1950 a 1953); la invasión a Granada el 25 de octubre de
1983 frente al golpe de estado dado por el viceprimer ministro Bernard Coard,
la invasión a Panamá para derrocar el presidente de esa nación el General
Manuel Antonio Noriega el 20 de diciembre de 1989; la primera invasión de Irak
entre el 2 de agosto de 1990 al 28 de febrero de 1991, mejor conocida como la
guerra del golfo; la segunda invasión a ese país árabe en marzo de 2003, bajo
el pretexto que tenía Saddam Hussein armas de destrucción masiva, que como
todos sabemos nunca las descubrieron, y la invasión y guerra en Afganistán que
inicio el 7 de octubre de 2001, por mencionar las más importantes, sin contar
la asesoría técnica-militar y venta de miles de armas para perpetuar golpes de
Estado en distintas naciones como Chile, cuando orquestaron el derrocamiento
del doctor Salvador Allende a manos de Augusto Pinochet, o vendiéndole armas a
gobiernos dictatoriales como los que vivieron los argentinos, brasileños, guatemaltecos o asesinos como el
de Nicaragua con la familia Somoza.
La
guerra ha sido su negocio de todos estos fabricantes de armas que no tienen
escrúpulos, principios, valores ni alma como lo ha registrado la historia en el
mundo, por eso hoy que no tienen guerras declaradas el Complejo Militar
Industrial ha puesto sus ojos en toda la frontera sur de su territorio para
instalar cientos y cientos de tiendas que se dedican a vender armas de toda
índole, provocando la muerte de más de cien mil muertes en 12 años en México.
De
acuerdo con la investigación titulada U.S. firearms trafficking to México: New
data and insights iluminate key trenes and Challenges (tráfico de armas de
Estados Unidos hacia México: nuevos datos y análisis aclaran las principales
tendencias y desafíos), la mayor parte de las armas aprehendidas por las
autoridades mexicanas en los últimos tres años fueron compradas en los Estados
Unidos (aproximadamente 83 mil armas pesadas).
Sin
embargo el asunto ya tomo otras dimensiones y sucede que hoy los asesinatos
también se cometen dentro del territorio norteamericano. Innumerables serían
las descripciones de las matanzas que últimamente se están dando ya no en las
calles entre las pandillas gringas sino en las universidades, en las highschool
como se conocen allá a las secundarias-preparatorias donde estadounidenses
asesinan a mansalva a niños y jóvenes con armas compradas legalmente en las
tiendas de la industria armamentista, resultando infructuosos los llamados del
presidente Barack Obama para endurecer las normas para su comercialización,
dado que se enfrenta a varios representantes y senadores del partido
republicano principalmente que, en defensa y representación de los militares e
industriales del Complejo Militar Industrial, se oponen a ello, aludiendo la
segunda enmienda constitucional de aquella nación.
De
seguir así las cosas algo ocurrirá allá porque cada día son más las personas
que exigen la modificación a ese texto constitucional que, necesariamente
afectara a México para bien. De allí la necesidad de conjuntar esfuerzos
civiles y de gobierno para exigir lo mismo que los ciudadanos norteamericanos:
No a la venta indiscriminada de armas en los Estados Unidos.