TIERRA DE BABEL
Jorge
Arturo Rodríguez
El mejor destino del mundo…
Con seguridad
muchos conocemos aquellas palabras de John Lennon, quien el pasado 9 de octubre
habría cumplido 73 años: “Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer
el amor, mientras la violencia se practica a plena luz del día”. Sí, vivimos en
un mundo contradictorio, irónico y hasta corrosivo. Indiferentes a todas luces
de lo sublime, del respeto y la humildad, pero atentos actores y espectadores
del teatro de la maldad y alabanza a la oscuridad. ¿Tiempos proféticos?
Williams Deer escribió un breve texto
titulado “Loco mundo”: “A. siempre caminaba lento, encorvado, como si llevara a
cuestas una pesada carga. Cuando en cierta ocasión se le preguntó por su
comportamiento, contestó, agitado: “Alivio un poco la carga del mundo,
sustituyendo a ratos al Atlas que lo sostiene”. Lejos de detenernos a
comentarlo literariamente, me parece que en la actualidad nos hemos olvidado de
aliviar la carga del mundo; por el contrario, le hemos acumulado más pesadumbre
y, en consecuencia, nos es más difícil cargarlo y mucho más si son unos cuantos
los que se empeñan en salvaguardarlo y todos los demás en desperdiciarlo.
Que el mundo está en camino a la
destrucción, ¿es una manera fatalista de ver las cosas? Que ya nos alcanzó el
destino, ¿es una visión apocalíptica? Hay más preguntas que respuestas, cierto,
pero, en todo caso, hay que intentar respondernos a las más apremiantes. Albert
Einstein decía que tendremos el destino que no hayamos merecido. ¿Mereceríamos
la catástrofe final?
El actor estadounidense Peter Alexander
Ustinov comentó alguna vez que la última voz audible antes de la explosión del
mundo será la de un experto que diga: es técnicamente imposible. ¡Gulp! De
película, ¿no? Como de película son los recientes estudios que han realizados
ciertos chuchos en la materia. Dicen, por ejemplo, que el ser humano acarrea un
95 por ciento de la responsabilidad en el cambio climático, el motivo es el
hombre que produce enormes cantidades de dióxido de carbono (CO2), que aumenta
sin cesar.
Dicen también que se espera que el
nivel de los mares aumente más rápido de lo esperado, probablemente en 26
centímetros, en el mejor de los casos. Mientras tanto, en el peor escenario,
sufriría un aumento de 82 centímetros.
Y ahí no para todo, afirman que las
mediciones indican que las dos grandes masas de hielo continental, en
Groenlandia y en la Antártida, están perdiendo cada vez más superficie. Debido
al aumento del nivel de los océanos, enormes superficies costeras e islas
podrían quedar bajo las aguas. En lo referente a fenómenos extremos, como olas
de calor, inundaciones o huracanes, éstos podrían presentarse mucho más a
menudo en el futuro. ¡Dios bendito!
Incluso, hay quienes se apresuran a
pronosticar escenarios más catastróficos, como el diario italiano La Repubblica
que, basándose en datos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático
(IPCC, por sus siglas en inglés) de la Organización de las Naciones Unidas
(ONU), publicó que “En 2100 la Tierra tendrá mil millones de habitantes, una
cifra significativamente reducida respecto a la actual, debido al avance de los
mares”, los cuales arrasarán con varias ciudades costeras con “olas
destructivas”, mientras que quienes habiten estos lugares “abandonarán las
llanuras inundadas o desecadas huyendo de las enfermedades tropicales”.(www.sinembargo.mx).
¿Hay soluciones? Dicen que sí, pero…
siempre un pelo en la sopa, se necesita que actuemos todos, gobierno, industrias
y población. El premio Nobel de Química 1995, Mario Molina comentó alguna vez
que una prioridad es crear un acuerdo internacional para combatir el cambio
climático, un acuerdo que involucre al gobierno de todos los países y así,
tomar medidas en conjunto. Y ahí está el detalle, chato.
Hace unos días, el mismo Mario Molina
señaló que deben de tomarse todas las medidas simultáneamente, “usar la energía
mucho más eficientemente, usar energías alternas, incluso usar la energía
nuclear”.
Vaya, ¿el fin del mundo? Oh, ¿quién
podrá contestarnos? Friedrich Hebbel comentó que hay personas que se
consolarían hasta del fin del mundo, con tal de que ellas lo hubiesen
anunciado.
En mi caso, lo digo con Ramón Gómez de
la Serna, el mejor destino que hay es el de supervisor de nubes, acostado en
una hamaca mirando al cielo.
Por lo pronto, ahí se ven.
Hasta la próxima