TIERRA DE BABEL
Dijo el monero
Magú, a través de sus monitos: “…la energética, la fiscal, la educativa; todas
las reformas son cortinas de humo para no hacer la única reforma que hace
falta… La futbolera… Puras angustias”. ¿Usted le cree a Peña Nieto? Yo tampoco.
¿Usted cree en el equipo de futbol nacional? Yo tampoco. Todo es puro negocio,
¿o no? “No hay amigos; hay intereses”, me comentó un amigo… ¡Qué contradicción!
Pero esta vez no quiero ser aguafiestas.
La vida es bella. Dejaré que el río suene; ya mañana, en la siguiente entrega,
nos pondremos a mano y a tratar de mejorar el mundo con crítica constructiva.
En esta ocasión, seré benevolente y digo, con Thomas Carlyle, que de nada sirve
al hombre lamentarse de los tiempos en que vive. Lo único bueno que puede hacer
es intentar mejorarlos. Ajá.
Por ello, dejo a mis fans parte del
artículo “Vivir el poder del presente”, de Miriam Subirana: “Hoy es el día y
hay que gozarlo. Convertir el tiempo en nuestro aliado evita que nuestra mente
nos siga poniendo excusas. Vivir el presente sólo como una rendija entre el
pasado y el futuro lo despoja de todo su potencial y puede explicar nuestra
sensación de vacío. La actitud contraria sería reconocer la singularidad de cada
instante. Eso es gozar del presente. Nuestra energía está dispersa, no vemos ni
decidimos con claridad y ahora no estamos plenamente en donde nos hallamos”.
Subirana añade: “Muchos aspectos
(expectativas externas, el orgullo, el miedo a la vergüenza, al ridículo o al
fracaso) se desmoronan ante la muerte. Si viviéramos hoy como si fuera nuestro
último día, seríamos conscientes de que nuestro tiempo es limitado. Por eso es
importante no perder el tiempo viviendo en función de la vida del otro, de sus
expectativas, de sus imposiciones o sus opiniones. No se quede atrapado. No
permita que las opiniones de otras personas o sus miedos ahoguen su propia voz
interior. Tenga el coraje de seguir su intuición. La insatisfacción permanente
nos impide gozar del presente. Hemos creado una sociedad de consumo
fundamentada en la necesidad, en la avaricia y en la conciencia de escasez.
Pensamos en cómo tener más y conseguir más. Es como si nunca tuviéramos
suficiente. Siempre queremos más y más: hemos construido nuestra identidad
basándonos en nuestro poder de adquisición. Al correr tras los deseos
provocados por la insatisfacción, uno deja de agradecer lo que tiene porque
está pendiente de conseguir algo más. No disfruta del hoy, permanece en un
estado de deseo continuo y la insatisfacción parece insuperable. Si nos damos
cuenta y nos responsabilizamos de cómo estamos, de cómo somos, de lo que
sentimos y de lo que hacemos, nos arraigamos en el hoy. Dejamos de buscar
culpables. Escuchamos la intuición y la voz del corazón. No del corazón que
bombea la sangre, sino del corazón de nuestro ser”.
Y Miriam Subirana puntualiza: “Reconozca
la singularidad irrepetible de un momento. Hágase preguntas positivas que
amplíen la mirada. Cada vez que su mente vaya hacia la queja o la crítica,
frene sus pensamientos. Reflexione acerca de lo que puede agradecer de esa
situación y qué le está enseñando. Atrévase a ser quien es con todas sus
consecuencias. Agradezca y aprenda del pasado, reconcíliese con él. Pase a la
acción ahora: utilice su tiempo, sus talentos y sus pensamientos para tareas
creativas. Ayude a otros. Mantenga el dominio de su mundo interior. Observe sus
emociones con desapego para no dejarse llevar por ellas precipitadamente”.
En fin, que la vida es bella y tenemos
que andar…
Los días y los temas
Por cierto,
agradezco a todos y cada uno de los agremiados del Sindicato del Poder
Legislativo por su apoyo y afecto mostrado para un servidor y a otros varios
compañeros trabajadores del Congreso del Estado. Tan luego, comentaré a detalle
el suceso sucedido…
Ah, George Carlin dijo que la mayoría
de la gente con baja autoestima se la ha ganado.
Por lo pronto, ahí se ven.
Hasta la próxima