la administración pública
Por Héctor Yunes Landa
Quienes participamos en la administración
pública debemos de tener claro la conveniencia de llevar a cabo prácticas sanas
dentro de nuestro ámbito de influencia laboral.
Estar al frente de una
dependencia o área en la administración pública no implica mantener o crear
distancia con el personal operativo y mandos bajos en la estructura, por el
contrario, muchas veces practicar la apertura al interior manda un doble mensaje
y arrojan resultados positivo.
En primera instancia los funcionarios
sienten comodidad y confianza en un jefe que se muestra interesado por su
problemática interna y abierto a escucharlos cuando sea necesario. Muchos
suelen actuar sólo preocupados por cómo los evalúan desde afuera sus
superiores, sin observar que el problema principal puede estar dentro, pues
depende del que está a la cabeza generar ese sentimiento de compromiso y
pertenencia en los servidores públicos.
Por otro lado, la ciudadanía
que observa desde afuera, cualquiera que sea su interés, como se desarrolla la
vida laboral en una dependencia o área específica, percibe que puede obtener
mayores beneficios de ésta derivado de la armonía y trabajo conjunto que genera
una buena comunicación entre el jefe y el personal.
Un excelente “jefe” muestra
de diversas maneras su liderazgo y capacidad de dirección, una de éstas es la
capacidad de integrar gente nueva o de otros equipos a su propio equipo de
trabajo. El liderazgo se construye y por el bien de la administración pública
es importante quitarse las ataduras de mantener el temor de confiar en alguien
poco conocido, máxime cuando éste se distingue por una cabal institucionalidad
laboral.
Cuando hablamos de asumir la
“paternidad laboral” de los empleados públicos, no nos referimos al equipo que
suele transitar con un administrador público de una dependencia a otra, si no a
esa capacidad, rara e indispensable, que debe tener un “jefe” para trabajar con
gente que no estaba en su equipo, pero es necesario que colabore por su
institucionalidad, eficiencia y experiencia.
Otra buena práctica y
obligada por ley, es la de mantener la ética dentro de la administración
pública, ser ejemplo de ello sin duda es fundamental. También contribuye
premiar a quienes se conducen con ética y probidad o sancionar justamente a
quienes actúan de manera contraria, sin importar sean de tu equipo cercano.
La vida de un administrador
público afortunadamente es bastante observada hoy en día, los medios de
comunicación y la gente interesada en el desarrollo de su comunidad contribuye e incluso presiona, a vigilar especulaciones
de corrupción y actuar en consecuencia.
Un aspecto importante que
contribuye en el quehacer público es que los administradores públicos tengan
certidumbre laboral, que sus sueldos se paguen a tiempo y completos, que sus
percepciones salariales sean acordes a la responsabilidad implícita del cargo y
se mantenga la perspectiva de crecimiento laboral en el mediano y largo plazo.
Lo que expreso aquí, no son consejos,
no pretendo darlos, es simplemente compartir lo que he observado durante varios
años de experiencia pública, porque considero que compartir nuestras
experiencias nos retroalimenta para servir mejor a México.
Mi mayor compromiso es
servir bien para generar cambios positivos, por eso me ocupan estos temas.
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