TIERRA DE BABEL
Jorge
Arturo Rodríguez
Ojalá y así fuera…
El 14 de junio de
1985, en Buenos Aires, Jorge Luis Borges escribió: “Hay quienes no pueden
imaginar un mundo sin pájaros; hay quienes no pueden imaginar un mundo sin
agua; en lo que a mí se refiere, soy incapaz de imaginar un mundo sin libros”. Fue
hace unos añitos, claro; hoy, las cosas han cambiado y hay opiniones
encontradas sobre la desaparición del libro impreso, porque avasalla ya el
libro electrónico. Sea como sea, lo cierto es que el libro es una extensión
secular de la imaginación y de la memoria, parafraseando a Borges.
En el Día Nacional del Libro,
deberíamos celebrarlo leyendo, en voz baja, en voz alta, en silencio, como se
prefiera, con la dosis que cada quien requiera, pero no dejar a un lado el
libro y encender un televisor, mucho menos apendejarnos con tanto internet y
anexas. Ojalá y así fuera. Pero leamos buenos libros y que sean de nuestro
agrado; ahí sabrán cuáles. Porque dijera Paul Valéry, los libros tienen los
mismos enemigos que el hombre: el fuego, la humedad, los animales, el tiempo y
su propio contenido. Y el mismo hombre es enemigo, como sabemos.
En fin. Bien dice Eugenia León, es “grave
que se reduzca presupuesto a la cultura, porque esto forma parte como de la
canasta básica”. Claro, debería formar parte de la canasta básica, pero si los
precios de estos productos andan por las nubes, imagínense si le incluimos unos
kilos de cultura.
Dice Eugenia León: “Sin cultura no
tenemos futuro, así se pueda dedicar a otra profesión, esto es lo que te
preserva, crea un estado de empatía de la sociedad”. Y la extraordinaria
cantante da en el clavo: “Por qué los presidentes siguen recibiendo sueldos
inmensos, sueldos exagerados, cuando los jóvenes quieren acceder al arte, a la
cultura, tenemos un gran talento, en todos lados tienen triunfos tanto en lo
científico como en lo deportivo”. (www.alcalorpolitico.com/11-11-13).
En su escrito “La cultura, techo y sustento”, Elena Poniatowska apunta:
“Los que tienen que dar ejemplo de austeridad son los que están en el poder. Si
los funcionarios mandaran a sus hijos a escuelas públicas éstas mejorarían
junto con la educación que se imparte, si tomaran el Metro y el autobús, éstos
serían más eficaces, más limpios y más seguros, si los poderosos se atendieran
en las clínicas del IMSS y del ISSSTE la atención sería de primera. Subir los
salarios mínimos, sería dignificante para todos. Si se elevara el nivel
educativo de los mexicanos, nuestro país sería más democrático, más solidario,
más tolerante y más culto, porque la educación incluye a todos: maestros,
alumnos, padres de familia, sociedad y gobierno. Un pueblo educado tiene más
elementos para condenar los actos de impunidad y de corrupción de sus
gobernantes y no cae en la adulación o el servilismo. Una educación laica y
gratuita crea ciudadanos críticos que no tienen miedo de expresarse”. Pos sí, ojalá
y así fuera.
De cinismo y anexas
Hablando de
lectura, procuren leer el artículo “Diálogo en Princeton”, de Enrique Krauze,
donde escribió: “¿Y México? ¿Cómo va México?", preguntó Vargas Llosa. "¿Hay
peligro de que el narco infiltre al poder político?". Lo que tuve que
decir no lo alegró. Por un lado, expliqué cómo regiones enteras de México están
ocupadas por el crimen (en todas sus variantes), de modo que los criminales no
necesitan infiltrar un poder que ya tienen en los hechos. Y señalé algo que me
parece igualmente grave: la persistente discordia política”.
Sí; tal parece que vivimos en un país
en discordia en todos los aspectos y niveles. ¿A dónde vamos a llegar? Por lo
pronto, ahí se ven.