PARÍS ERA, ES Y SEGUIRÁ
SIENDO UNA FIESTA.
“Deseando a
todos mis lectores que el 2014 sea una fiesta”
Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez.
Decidí iniciar las
columnas del 2014 con una obra que es toda una joya de la literatura universal
y me refiero a las memorias de Ernest Hemingway, tituladas “París era una
fiesta” ya que este 2014 se cumplen 50 años de su publicación, son memorias
magistrales que nos narran la vida de uno de los escritores más importantes a
nivel mundial del siglo XX, en un periodo que abarca de 1921 a 1926, cuando el
escritor vivió sus felices años veintes en París, junto a su primera esposa
Hadley y su hijo conocido con el sobrenombre de Bumby.
Las memorias están
llenas de historias, anécdotas, lugares, personajes, cuentos, libros, novelas,
escritores, amistades, borracheras, cafés, restaurante, y muchas cosas más, en
general las memorias al narrar la vida de Hemingway, son por lo tanto una
lectura de enorme cultura, pero de manera especial algo que quiero compartir
con mis estimados lectores en esta primera columna del año, es que uno de los
grandes mensajes que nos deja Hemingway en sus memorias de joven, es que cuando
él y su primera esposa Hadley eran muy pobres, fueron sus años más felices y
siempre los recordaba con nostalgia, alegría, porque a pesar de la pobreza, su
vida en París era una fiesta.
Las memorias fueron
escritas ya siendo Hemingway un escritor consagrado, empezó a escribirlas en
1957 y fueron terminadas en 1960, las inició en Cuba lugar donde vivió los
últimos años de su vida y se publicaron en 1964 en Estados Unidos, tres años después
del suicidio del escritor, el aperitivo para leer las memorias se encuentra en
una carta que envió Hemingway a un amigo en 1950, la cual describía a París de
la siguiente manera: “si tienes la suerte
de haber vivido en París cuando joven, luego París te acompañará, vayas a donde
vayas, todo el resto de tu vida, ya que París es una fiesta que nos sigue”.
En las memorias
encuentras amistades en la vida de Hemingway, de enorme valor e influencia,
Ejemplos Gertrude Stein, Ezra Pound, y particularmente Scott Fitzgerald, entre
otros, pero son ellos tres personajes centrales de las memorias.
De Gertrude Stein
conoce uno a la mujer rica que era una mecenas para todos los escritores de la
época, compraba las pinturas de su amigo Picasso, escribía, revisaba trabajos,
una mujer gorda pero agradable, abiertamente lesbiana, confirmas que ella
bautizó a esos grandes escritores como “la
generación perdida”, pero el origen del término no lo pensemos como algo
rebuscado, planeado, o exactamente relacionado con la primera guerra mundial, proviene
de la descompostura de su Ford T y cuando lo llevó al mecánico la hicieron
esperar, el muchacho no compuso el coche, Gertrude se quejó con el patrón y
este regaño al empleado diciéndole que todos ellos eran una “generación perdida”.
“eso
es lo que son ustedes. Todos ustedes son eso – dijo Miss Stein-. Todos los
jóvenes que sirvieron en la guerra. Son una generación perdida.
-¿de
veras? Dije.
-lo
son – insistió-. No le tienen respeto a nada, se emborrachan hasta matarse”.
De Scott Fitzgerald es
al que más se refiere Hemingway, de entrada es su amigo y eso basta, pero además
nos narra lo grande del escritor, también sus graves problemas de alcoholismo,
sus viajes a Lyon, las borracheras de Scott con su esposa Zelda, los
magistrales cuentos y sobre todo una de las novelas más importantes del siglo
XX, El Gran Gatsby la cual conoció y revisó Hemingway antes de que el mundo la
conociera, siempre manifestó que El Gran Gatsby era una novela maravillosa y
que Fitzgerald podría aún escribir más y mejor, pero que el mal de Scott era su
esposa Zelda, porque al amarla tanto ella siempre lo inducia a las borracheras,
el final de los Fitzgerald fue trágico, por lo regular como se vive se muere,
independientemente a ello, Scott fue un genio y amigo fiel de Hemingway.
No encuentro ningún
problema fuerte entre Hemingway y su esposa Hadley, se llevaban bien, ella lo
apoyaba, le respetaba su espacio como escritor, para nadie es un secreto que
Hemingway fue machista, parrandero, jugador, bebedor, mujeriego, pero no se
leen ni se perciben problemas entre ellos, por supuesto él la amaba y ella lo
amaba tanto que a pesar de la pobreza en que vivían eran felices, nos narra literalmente el escritor que “Mientras estaba trabajando en algo mío, me
resultaba necesario leer al acabar de escribir. Si uno sigue pensando en lo que
escribe, pierde el hilo y al día siguiente no hay modo de continuar. Yo
necesitaba hacer ejercicio, cansarme el cuerpo, y además era buena cosa hacer
el amor con la persona que uno amaba. No había nada mejor que eso”.
Mi estimado lector, si
este 2014 así vivimos nuestra vida, aparentemente rutinaria, es decir, amando
lo que hacemos, lo que tenemos, tanto en París como en cualquier lugar del
mundo, la vida sin duda alguna, será una fiesta.
Correo electrónico:
miguel_naranjo@hotmail.com