¡Qué
oso!
Por Brenda
Caballero
Sabía
que Alarcón Cerda había pedido permiso a la CMAS Xalapa hasta el día 30 de
junio, pero no estaba segura que regresaría en esta semana, ¿quizás después de
ver el partido de México contra Holanda?
Como
no tenía la certeza de que así fuera, busque contactarme con la agencia de viajes
para saber con exactitud el día del arribo y tener una exclusiva.
Créame
que no fue fácil, pero después de muchas llamadas, por fin me dieron la fecha
de llegada del vuelo.
Ahora
lo más difícil para toda fémina ¿Qué me pongo? Minifalda, blusa escotada,
tacones, pantalones ajustados, cualquiera hubiese sido perfecto para
entrevistar a un muchacho antrero, incluso a un político, pero ¿Qué te pones
para entrevistar a un oso?
De
repente pasaron por mi mente Winnie the Poo, El Oso Yogui y Boo boo, el Oso Po de
Kung fu Panda, Baloo, el pequeño John, Fozzie, los ewoks y hasta los osos
cariñosos. Pero mi próximo entrevistado no tenía absolutamente nada parecido a
ellos, luego entonces, de nada serviría disfrazarme de Tiger, por ejemplo.
Y
cuando la cosa estaba más complicada, recordé a Ted, aquel oso irreverente que
tomaba, se drogaba, incluso organizaba orgías entre sus amigas humanas, pero
que era fiel amigo de John, el humano que deseó que el oso cobrara vida, ¡con
él sí tenía algo en común!
En
fin, para no hacerle el cuento largo, que me visto como John, con un pantalón
de mezclilla y una playera ¡ah pero la verde! Deseaba que mi entrevistado de
sintiera en confianzas mundialistas.
Tan
pronto como lo vi descender, corrí a su encuentro.
—¡Me
puede permitir unos minutos! le dije.
—¡No
doy entrevistas! Todo lo que quería decir, ya lo dijo mi papá en rueda de
prensa.
—Oiga,
no le habló a Usted—, le dije a Alarcón Cerda —sino ¡al oso! que trae en
brazos.
El
oso se enderezó un poco:
—¿A
mí?— Contestó como contestan los osos de peluche.
—Sí,
a Usted, señor Oso, ¿sabía que actualmente es más famoso que Laura Bozzo? ¿Cuál
es su nombre?
—Ssshhhh—,
me dijo en voz susurrante —¡yo también pedí permiso para ausentarme del sillón
principal de la sala, y si se enteran seguramente hasta el perro y el gato me
sustituyen.
—Está
bien, pero a cambio de eso ¿me puede contestar algunas preguntas?
—¡No
contestará nada! ¡no dejaré que le saques la borra, digo la sopa!— Me dijo
Alarcón Cerda.
Pero
por arte de magia, al igual que cuando cobró vida Ted, el oso resbaló de los
brazos de Iván y cayó cerca de mí, dándome oportunidad de seguir con mis
preguntas.
—¿Es
cierto que traes el tequila por dentro?
—Y
el torres, el vodka, la botana… ¡hasta la música!
—Bueno,
sí creo que la traigas por dentro, con eso que te fuiste derechito al mundial.
¡Oye! y ¿es cierto que tuviste un viaje muy austero?
—Jao,
jao, jao— río el oso (porque así ríen los osos) —¡que va! en ese viajecito
estuve a todo lujo ¿o a poco pensaste que con quince mil pesos viajamos? ¡ni
que hubiésemos dormido en las favelas!
—Shhhhh
¡cállate!— gritó Alarcón al oso, mientras éste salía huyendo nuevamente del
brazo de su progenitor.
—¡Es
más!— exclamó el oso —ahora que soy famoso, haré un libro. ¿Qué tal “Memorias
del Mundial contadas desde la Panza de un Oso”? ¡Ya me vi!
Alarcón
ahora sí sonó amenazante: “si sigues abriendo la boca, te sacaré toda la borra
y te aventaré del Puente del Xallitic, o mejor aún, a Los Lagos de Acapuldique.
Para
entonces, el oso ya abandonaba el lugar y corría despavorido gritando como
gritan los osos:
—¡Auxilio!
¡Auxilio! Vicente, Vicente Benítezzzz! en lugar de una maleta te caería bien un
amigo como yo, ya que ¡Todo cabe en la panza de un oso sabiéndolo acomodar!