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De no ser por el debate nacional que ha generado la aprobación
en La Asamblea Legislativa del Distrito Federal, de una iniciativa que prohíben
los animales en los circos, la verdad no perdería mi tiempo y espacios en los
medios de comunicación que semana a semana publican mis artículos, para
referirme al Partido Verde Ecologista de México, franquicia política que como
tal, se vende al mejor postor.
Da
hueva, como dijeran los –chavos-, gastar papel, tinta o saliva para referirse a
ese remedo de partido político que desde que se fundo en 1986 como Partido
Verde Mexicano solo ha tenido dos presidentes nacionales: don Jorge González
Torres (político surgido y hecho en el Partido Revolucionario Institucional), y
a su salida, su hijo Jorge Emilio González Martínez, quien para medir sus
principios diremos que en 2000 es elegido en una alianza con el PAN Senador de
la República, y actualmente ostenta el mismo cargo, derivada de otra alianza,
pero ahora con el PRI.
El niño
verde, como lo bautizaron no solo los militantes de otros partidos políticos
(incluyendo sus ahora camaradas del PRI), sino por los mismos periodistas en
razón a su novatez, neofitez y ausencia de materia gris en su cerebro, ha sido,
-gracias a papi-, representante a la Asamblea Legislativa del Distrito Federal
de 1994 a 1997; diputado federal en la LVII Legislatura de 1997 a 2000, más los
cargos de Senador que líneas arriba he relatado.
Ha
estado en los medios de comunicación más por sus affaires que por su talento
legislativo. En 2004 ocupo las primeras planas cuando la televisión saco a la
luz pública un video donde negocia con un sujeto la cantidad de dos millones de
dólares, a cambio que el Ayuntamiento de Benito Juárez (Cancún), desprotegiera
unos predios y pudieran cambiarse el uso de suelo para construir zonas
hoteleras; mas adelante, en 2011, un nuevo escándalo se cierne sobre este
imberbe político cuando una mujer llamada Galina Chankova Chaneva cae de la
ventana del piso 19 de los complejos Emerald, propiedad del niño verde, y que a
decir de dos jóvenes, hijas de empresarios quintanarroenses (véase libro de
Lydia Cacho), afirmaron que fue empujada por él, aunque mas temprano que tarde
salieron sus amigos priístas de la procuraduría de justicia de ese Estado a
exonerarlo de cualquier investigación y presunta responsabilidad.
Hago
esta descripción para que usted vea de que esta hecho el dueño del partido
verde y en consecuencia, ese molde es el de sus principales miembros,
dirigentes y funcionarios públicos que en la ciudad de México lograron aprobar
la ley para la celebración de Espectáculos públicos y de Protección a los Animales,
en donde se prohíben los animales en los circos, bajo el argumento que los
maltratan, pero se quedan calladitos respecto a las corridas de toros, peleas
de gallos y carreras de caballos.
Estos juniors verdes
salen en la defensa de los animales que los circos utilizan para sus
espectáculos, pero se olvidan que los caballos en los hipódromos son castigados
severamente a base de fuetazos para hacerlos correr de manera extraordinaria y
anormal. Allí sufren amnesia por motu proprio, como también en las peleas de
gallos, donde no solo los maltratan, sino que los impulsan sus patrocinadores a
morir.
Es
entendible que estos oportunistas y simuladores omitan un mismo veredicto sobre
estos espectáculos, y como no si tanto en los hipódromos como en los gallos hay
gente demasiado importante metida en ellos, con peso político y con pesos y
centenarios.
¿Por qué
no se atrevieron los hipócritas verdes a presentar iniciativas en la
capital del país para que cierren la monumental plaza México, donde se maltrata,
a la vista de miles de asistentes y televidentes a los animales, y terminan
asesinándolos con el aplauso de los presentes, como en el antiguo circo romano?
Estos peones verdes, ambiciosos como los
ricos que cada día quieren amasar más fortunas, en 2011 apoyaron la
candidatura de Mariano González Zarur
por medio de una alianza PRI-PVEM para gobernador de Tlaxcala, siendo el
ganadero de reses bravas, criador de toros de lidia, aquellos que van directo
al matadero.
Promotores
como Diego Fernández de Ceballos de litigar con el cargo de elección popular,
son amigos de las familias Bailleres
(dueños de los Palacios de Hierro e industrias peñoles), y de Miguel Alemán
Velasco (dueño de líneas aéreas y plazas comerciales), quienes regentean las
fiestas taurinas en México. De allí que con esa doble moral que les caracteriza
a esta vacilada
de partido no se meten con las corridas de toros, a pesar del
asesinato de esos animales.
Impúdicos
como han sido, en la campaña para renovar la cámara baja del Congreso de la
Unión de 2009, su caricatura de partido se enfoco en promover la
pena de muerte para asesinos y secuestradores con un mero afán electorero, mas
que de principios y razones, que hoy cobra mas relevancia al presentar
iniciativas de ley que obliguen a los circos a dar espectáculo sin animales
(donde no los matan), pero se quedan calladitos, casi mudos, respecto a las
peleas de gallos (donde si los matan), como las corridas de toros (donde
también los asesinan).
Demagogia
y más demagogia con estos enanos verdes que nunca crecen, pero que bajo el
amparo del PAN y ahora del PRI han hecho de la política su hobby más lucrativo
para estos remedos de políticos que, después de reflexionarlo, en la mayoría de
los casos, están peor que los más criticados de sus aliados.