Papalotes en el cielo
Por: Zaira Rosas
zairosas.22@gmail.com
El arte es vida, es salvación,
consuelo, refugio, es recuerdo. Recuerdo de aquellos que con colores, rostros y
técnicas personales encuentran una forma de representarnos, representarse y
plasmar a través de su creatividad lo más hermoso o cruel del entorno según se
requiera. Es subjetivo, pero al final siempre hay detrás de cada creación una
belleza singular que provoca. Eso y más logró Francisco Toledo.
Originario de Juchitán, el
artista plástico y gráfico o sólo será recordado por su obra y el impulso constante
a las artes, si no por su destacado activismo y su labor de filantropía. En
medio de gobiernos que no supieron dar respuesta él se solidarizó con los
padres de quienes habían perdido a sus hijos, voló por ellos papalotes para
destacar que había que buscar a esos 43 normalistas incluso por los cielos.
Después llegó el temblor que devastó al Istmo de Tehuantepec y el artista se
encargó de brindar apoyo con la instalación de cocinas comunitarias, las cuales
beneficiaron a más de 5 mil damnificados.
Actualmente después de dos años
del temblor, aún existen familias en espera del apoyo prometido por el
gobierno, fueron censadas de nueva cuenta para ser parte del programa de
bienestar y siguen sin recibir la ayuda prometida, a muchos sólo les han
entregado tarjetas sin fondos. Estas acciones son el reflejo de la falta de
entendimiento de la sociedad, de la creencia arraigada de que todos necesitan
ser parte de un progreso, olvidándose de una cultura que no se puede quedar
atrás.
El respeto por la cultura y las
raíces fue algo que siempre entendió Toledo, quien defendió constantemente a
los pueblos indígenas, según amigos del artista, para él tener presentes los
orígenes y su cultura era sinónimo de actuar por el bien común. Quizás su
concepto no fue erróneo, pues si se tiene respeto por todo ello no se busca
irrumpir en sus tradiciones, no se daña su patrimonio. Cuando realmente se
entiende a los pueblos indígenas, el progreso se adapta a lo que sus
comunidades solicitan, mas no se insiste en que ellos se adapten a las
solicitudes de quienes son ajenos a su vivir.
Entre las últimas causas que el
artista defendía está la voz de las comunidades afectadas por el Tren Maya,
pues la construcción del mismo afectaría de forma ecológica la biosfera,
principalmente en Yucatán, también señaló que la zona de los Chimalapas podría
sufrir daños, en febrero del presente año exigió al Presidente de la República
más información respecto al proyecto, pues los datos proporcionados no eran
claros y era necesario tomar en cuenta la opinión de los verdaderos afectados
pues para el artista no era suficiente una consulta ciudadana.
Francisco Toledo ha sido
despedido con papalotes en gran parte de México, esta tradición de la tierra
que le vio nacer, donde los muertos se enaltecen con este artefacto para
guiarlos en la tierra. Ahora recordaremos a un alma ejemplar, no sólo por su
legado artístico, sino también por su huella social, porque nunca se olvidó de
su Estado y con coherencia predicó su amor por las raíces, el arte y su gente.
Gracias a él se creó el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca y es ahí donde
más personas pueden disfrutar de una de las colecciones de artes gráficas más
importantes de Latinoamérica.
Que perdure su retrato, sus
trazos de carbón, sus pinturas y mágicos animales, pero sobre todo que
permanezca su ejemplo para que no dejemos de escuchar a quienes han intentado
silenciar, que seamos voz de quienes no pueden hablar y sintamos el mismo
orgullo de nuestras raíces e historia, para defenderlos ante los cambios de la
modernidad. Que perdure el respeto inculcado en nuestro actuar.
