Las Crónicas del
2012
El fuego olímpico
entrando por VeracruzPor Claudia Constantino
(Primera parte de dos)
Alejandro D. Cinta, Francisco Barrones Sánchez
Y los héroes de la jornada de hace 44 años.
Entre ellos, su coordinador: Luciano Constantino Ramírez.
Del
cañonero “Guanajuato”, que trajo desde el Puerto de Palos, en España, las
lámparas votivas que contenían el fuego eterno del olimpismo, descendió la
llama olímpica. Los portadores en tierra serían modestos atletas que se irían
sucediendo hasta llegar a la ciudad de México. Encendido durante la ceremonia,
(hermosa) en la famosa Olimpia, cuna de los mas famosos juegos de la
antigüedad, protagonizados por los símbolos máximos del porte universal.
“Ninguno
lo podíamos creer –asegura mi padre- con su andar lento, que le otorgaba mayor
elegancia el “Guanajuato” abría su compuerta para que se encendiera la primera
antorcha de la serie de 17 nadadores que representaban a los estados costeros
del país: comenzando con el relevo de Escañero, Moreno, Castellanos y de ahí,
la mayoría de los chamacos estrellas de la natación veracruzana que hacían
historia al irse pasando uno a uno, el elemento ígneo.”
“En
tierra, ahí, en el muelle de la T –si el muellecito frente a la ahora torre de
PEMEX- entregaría Eduardo Moreno la tea, para que el entonces gobernador de la
entidad, Don Fernando López Arias la recibiera, acompañado de Pedro Ramírez
Vázquez, presidente del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos; de Mario
Vargas Saldaña, alcalde de la ciudad, de los embajadores y attachés de tantos y
tantos países acreditados en lo diplomático y lo deportivo. Vinieron los discursos, las fanfarrias, la
algarabía de miles de veracruzanos, turistas y visitantes especiales que se
arremolinaron en el paseo del Malecón”.
Solo el Papa Juan Pablo II ha reunido más gente que aquel momento
histórico.
“Ahí,
comenzó el recorrido del fuego olímpico por las calles del primer puerto de
América en tierra firme. Tocó a Román Puente García ser el primero –destacado
atleta y alumno del Instituto Tecnológico de Veracruz- y a mí, vivir una de las
mejores experiencias de mi vida: por ser el coordinador, me entregaron las
lámparas votivas con el Fuego Olímpico por si alguna antorcha se apagaba
durante el recorrido. De ser así, debía saltar de la Campingnola militar que
iba exactamente atrás del corredor y reencenderla. En dos ocasiones sucedió: la primera antes de
que Puriel la entregara a Raúl Díaz Mirón.
La segunda, hubo que re encender la pastilla de la antorcha al campeón
nacional juvenil de jabalina, Rubén Arrieta a las 7 de la mañana del 7 de
octubre en que retomamos la marcha hacia Xalapa.
“Todos
los demás relevos transcurrieron conforme a lo planeado hasta llegar al
majestuoso estadio Luis “Pirata” de la Fuente, siendo el portador que entraba a
la grama, el doctor Díaz Vega, aclamado por más de 40 mil niños, padres de
familia, maestros; siendo la ocasión en que más personas se han reunido en el
coloso del fraccionamiento Virginia, incluso cuando el Presidente Gustavo Díaz
Ordaz lo inauguró en agosto de ese mismo año”.
“Todos
aplaudían, todos eran partícipes aquella tarde de la historia del deporte mundial,
por eso cantamos el himno nacional lo mas fuerte que pudimos, el himno olímpico
y canciones criollas veracruzanas: desde el Veracruz de Agustín Lara, hasta “el
tamalero” de autor anónimo. La grada
lucía hermosa, en la cancha jóvenes y jovencitas ejecutaban bailes jarochos
bajo la égida del maestro Elías Nicolás Cortés.”
“La
tarde declinaba y la noche se convertía en aliada del espectáculo olímpico, la
antorcha dejaba el escenario y los miles ahí congregados –mayormente niños y
jóvenes que hoy no lo serán más- vitoreaban y grababan en su memoria la que
quizá para muchos –como yo- haya sido una de las tardes más emocionantes de
nuestra vida. Nuevos corredores la
transportaban, tomaron rumbo al boulevard, la gente apiñada en las avenidas:
Martí, Colón, Bolívar, Villa del Mar; teníamos carnaval en octubre y Miguel
González Ortíz, corría el mejor trecho (porque, por esos días, era mi cuñado y
así lo pude disponer) cual Mercurio a su destino…” Continuará mañana.
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