miércoles, 10 de octubre de 2012

ÓPTICA B

Por Freddy Bernabé Torres
 
Las metralletas siguen sonando, las granadas detonándose, las bajas producto de ejecuciones, ajustes de cuentas, secuestros y levantones continúan; Ese el ambiente que priva en gran parte del territorio mexicano, esa ha sido la marca del Presidente de la Republica Felipe Calderón Hinojosa.

La guerra contra el narcotráfico sigue cobrando vidas de inocentes, sigue enlutando hogares, dejando sin padres, sin esposos, sin hijos, sin amigos a miles de familias y la gran mayoría sin saber ¿Por qué? A esos les han denominado daños colaterales.

Y aquellos que siendo inocentes han caído victimas de esta cruel y sangrienta lucha han sido criminalizados antes de haber sido investigados, sus familiares han tenido que pasar del dolor, la rabia y la impotencia, a la preocupación, a la desesperación, a lo burocrático que resulta el reclamar el cuerpo de ese ser querido, para terminar mendigando justicia, esa que no ha llegado y que no se sabe si llegará porque lamentablemente no han sido escuchados.

A diario hay homicidios igual de dolorosos, pero gran parte de ellos solo han pasado a formar parte de una simple y fría lista de los “muertos de calderón”, solo son leídos por los presentadores de los noticiarios estelares, empero hay otros que siendo igual de dolorosos acaparan la atención mediática, por ser hijos de políticos poderosos, o parientes que están en “plenitud del poder”.

Las imágenes del funeral de José Eduardo Moreira Rodríguez, hijo mayor del ex gobernador de Coahuila, Humberto Moreira, son igual de desgarradoras, igual de dolorosas que las que se viven a diario en el país debido a los enfrentamientos que muchos aluden a la mala estrategia de seguridad de Felipe Calderón Hinojosa.

"Mi hijo viene a ser uno de los muertos de esta guerra, de los miles de muertos de esta guerra, que es muy triste. Lo vivo ahora en carne propia, con un hijo que no ha cumplido un año con su esposa", recriminaba el ex dirigente nacional del Partido Revolucionario Institucional.

Igual de desconcertante fue este homicidio como han resultado el  de miles de jóvenes a lo largo de estos 6 años y si, es uno más de esta guerra triste y dolorosa, pero con una gran diferencia, esa que también lastima, lacera y ofende, y que priva en este país (a pesar de que en el discurso opinan lo contrario) Mexicanos de primera y de segunda, porque las corporaciones policiacas, las instancias encargadas de impartir justicia rápidamente han actuado en este caso, cuando en circunstancias similares se ha limitado el proceder, el investigar.

En el fondo y en esencia la eficacia y la coordinación entre los grupos de seguridad es importante, ayuda a que prevalezca el estado de derecho, agiliza la impartición de justicia, ¿pero que de los miles de familiares que piden justicia?, ¿que de los miles que piden hablar con las autoridades competentes en estos casos y encuentran puertas cerradas, oídos sordos y ojos ciegos?

Me congratule cuando el procurador de Coahuila, Homero Ramos, anunciaba que autoridades federales, en coordinación con el gobierno estatal, llevarán a cabo la investigación en torno al homicidio de José Eduardo Moreira Rodríguez, tampoco me sorprendió el anuncio de la llegada de elementos de la Marina Armada de México, Secretaría de la Defensa Nacional, Secretaría de Gobernación, Procuraduría General de la República (PGR), y Secretaría de Seguridad Pública Federal, quienes coordinaran esfuerzos con el Gobierno Estatal en las investigaciones.

El protocolo se activó, a través de las redes sociales, el presidente Calderón, el presidente electo Peña Nieto y gran parte de la clase política del país enviaron sus condolencias al ex gobernador, pedían y clamaban justicia, el gobernador de Nuevo León Rodrigo Medina de la Cruz tras condenar el homicidio puso de manifiesto el apoyo "Nuevo León aportará lo que tenga que aportar para ello, si es que podemos apoyarlos en algo, pero sí manifestarle toda mi solidaridad y apoyo"

Solo me pregunte ¿Porque aquí todo el apoyo institucional?, ¿Porque aquí todo el despliegue en materia de seguridad? ¿Porque aquí si la preocupación? ¿Porque en este caso querer impartir justicia, dar con los culpables? ¿Porque en este caso la coordinación entre estados vecinos? La respuesta es más que evidente, los cuestionamientos quizá hasta absurdos, si a todo, porque le dolió y preocupó a la clase privilegiada del país, a la clase que esta en el poder,  porque los miembros de la delincuencia organizada rebasaron un límite.

Las investigaciones han sido efectivas, al segundo día ya había cuatro arraigados, al día siguiente cayó el subdirector operativo de la policía municipal de Acuña, Rodolfo Castillo Montes, ya que de acuerdo a  las investigaciones con engaños, citó a José Eduardo en el ejido Santa Eulalia, entre Ciudad Acuña y Jiménez, donde el joven funcionario fue privaron de su libertad para posteriormente ser asesinado.

Nadie debería ser privado del regalo más valioso que tenemos: “La vida”, sea rico o pobre, sea funcionario o ciudadano, hombre o mujer, adulto o niño, y si esto llega a pasar, quienes imparten justicia deben de actuar como en el caso de José Eduardo Moreira Rodríguez, porque con esto quedo más que claro que si hay el recurso humano, técnico, de inteligencia que se necesita para dar con los culpables, lo que a veces falta es voluntad.

Hemos quizá perdido -por los mismos acontecimientos- la capacidad de asombro, empezamos a verlo como algo natural, y cuando algo se vuelve cotidiano se convierte en parte de nuestro entorno y en eso, todos ( autoridades y ciudadanos) hemos contribuido.

Si aquellos que infringen la ley estuvieran realmente en un Centro de Readaptación Social, si las autoridades no se prestaran a la corrupción, si fuéramos una sociedad responsable y denunciáramos, sin temor a represalias, si fuéramos “un poco” mejores seres humanos, no lamentaríamos la muerte de José Eduardo Moreira Rodríguez, ni la de miles de jóvenes, de hombres y mujeres, que para mi son igual de atroces, no tendríamos a miles de familias llorando, pidiendo, exigiendo y hasta mendigando justicia, pero mejor aun, no estaríamos lamentándonos los 60 mil muertos que la guerra de Felipe Calderón Hinojosa ha dejado a lo largo de 6 años, de lo que pasará a la historia como el sexenio de la muerte….