Ebrard y su desvergüenza
Por Helí Herrera Hernández
La historia estoy seguro que ya la conoce usted.
El hijo del Secretario de Economía en el actual gabinete de la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, estuvo hospedado gratuitamente con servicio de alimentos, lavado, planchado, arreglo de recamara, luz, agua, internet, y quien sabe que otros servicios y derechos mas incluidos, sin pagar un solo peso o libra esterlina, tan solo por ser vástago del aquel entonces Secretario de Relaciones Exteriores.
Todo de Lujo, porque la residencia donde esta ubicada la embajada de México en Londres esta en el primer cuadro de la capital de Inglaterra, y el inmueble: ¿que le digo?: majestuosa, sobria, elegante.
Y desde luego la comida que se sirve allí no corresponde a los alimentos que usted y yo degustamos tanto en nuestras casas o cuando se nos ocurre ir a las gorditas de la rotonda en Xalapa, a las carnes de la Joya con frijoles de la olla, o a las garnachas de Altotonga. Nada mas alejado que eso. Allí solo de pato a la oranch pa´rriba, porque compartía los alimentos con la embajadora Josefa González Blanco, subalterna de Marcelo Ebrard en aquellos tiempos de pandemia.
No´mbre, que sacrificio debió resultarle al hijo de don Marcelo pernoctar por mas de 180 días allí. Vivió, comió, descanso a cuerpo de rey, a nuestras costillas, con los impuestos que pagamos, aunque su papá afirme “no veo en ello ningún abuso de mi parte, salvo la preocupación de un papá, por un hijo. No usamos ningún recurso indebidamente” (sic).
Todavía tiene el descaro, la desvergüenza de afirmarlo en una mañanera, en vivo, en cadena nacional, como burlándose del pueblo bueno que se anda quejando porque la tortilla ya subió en algunos expendios dos pesos, aunque en otras hasta cinco y seis, mientras el, sin titubear, con la molestia en su rostro porque el periodista Claudio Ochoa Huerta dio a conocer -la hazaña de su orgullo, el muchachito Ebrard- y nos restregó, como si fuéramos tontos o idiotas: que no usaron ningún recurso (del erario publico) indebidamente en esos seis meses que disfruto la dolce vita el joven Ebrardcito.
¿Qué haremos con todos estos funcionarios de MORENA, que sin rubor, pena, moral o ética se llenaban la boca criticando excesos de los prianistas, y ahora son, en la practica, en la realidad, peor que ellos?
¿Seguirán pensando que el pueblo bueno no tiene memoria, y que en las siguientes elecciones acudirá a sufragar a sus casillas, por MORENA y sus candidatos, que ya en el poder ni siquiera guardan las formas para ocultar sus riquezas mal habidas? ¿No pensara o considerará don Marcelo que esta dos sinverguenzadas (la del hijo y la de él, de admitirla sin rubor alguno), le podría costar su futura aspiración política. O ya se da por muerto en ese aspecto?
