HAMBRE DE GOL, HAMBRE DE TRIUNFO.
“Mempo Giardinelli: “El hincha”
Por Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez.
El actual mundial de fútbol se puede analizar desde distintas perspectivas. En el presente artículo a partir de la mezcla fútbol y literatura, se reflexionará sobre un tema fundamental en la historia del fútbol: “El hincha”, puntualizando lo siguiente. El artículo titulado “El hincha” se encuentra en el libro: “Hambre de gol, crónicas y estampas del fútbol.” Esta obra es una amplia antología donde Ignacio Trejo Fuentes y Juan José Reyes seleccionaron muchos textos en los que se discute, dialoga y diserta sobre el fútbol y el mundo que lo rodea. El artículo del escritor argentino Giardinelli resulta atrapante porque nos permite profundizar y comprender porqué “el juego del hombre”, tal como lo llamaba el gran narrador Ángel Fernández, es, quizás, el deporte más amado y el que despierta pasiones incontrolables, a veces, inconcebibles.
En “El hincha” conocemos la vida de Amaro Fuentes. Este personaje en diciembre de 1968 se encuentra inmensamente feliz porque el equipo de su vida llamado Vélez Sarsfield, por primera vez en su historia, acababa de ser campeón en Argentina. Amaro de muy adolescente se convirtió en un futbolista que prometía mucho, todos creían que se convertiría en un destacado futbolista profesional. Más o menos un mes antes de su debut en primera división, el padre de Amaro murió y su vida cambió. La realidad le exigió trabajar para sobrevivir y el fútbol dejó de ser el centro de su actividad. El futuro promisorio del joven Amaro se derrumbó, mas, su pasión por el fútbol nunca desapareció, solo que ahora esa pasión no la ejercía jugando en las canchas, sino apoyando al equipo de sus amores: Vélez Sarsfield.
Amaro después de trabajar acudía al bar La Estrella, allí se juntaban los amigos y conocidos a convivir. Unos les iban a Boca, otros a River. Sólo Amaro apoyaba a Vélez. No obstante, Vélez era un equipo pequeño, siempre luchaba por sobrevivir. Los clubes poderosos y adinerados eran Boca y River. Por lo tanto, por más que Amaro intentaba platicar de Vélez, siempre los temas se detenían en los equipos ganadores y con jugadores estrellas. Amaro se molestaba por el trato injusto, a pesar de ello, esa actitud no le afectaba para seguir creyendo y apoyando a su equipo. Puede decirse que toda la existencia de Amaro se justificaba por la ilusión de ver algún día campeón a Vélez. Presiento que cuando iba a trabajar, lo que lo animaba era el saber que el fin semana podría escuchar en la radio el juego de Vélez, o mínimo escuchar algunos resúmenes. Desde luego que los partidos de Vélez no los transmitían en TV y Amaro ni televisión tenía.
En La Estrella todos sabían la pasión de Amaro por Vélez. Cuando le permitían hablar con mucho gusto les narraba la historia del club: “En ese ambiente, Amaro no desperdiciaba oportunidad de recordar la historia de Vélez, podía hablar durante horas de la fundación del club, aquel primero de mayo de 1910, o evocar el viejo nombre, que usó hasta el 23, y ponerse nostálgico al rememorar la antigua camiseta verde, blanca y roja, a rayas verticales, que usaron hasta el 40 y que todavía guardaba en su ropero.”
Los años fueron pasando, Amaro trabajaba para medio vivir, se nota que no procreó una familia tradicional, ni mucho menos llevó una vida estable. Trabajaba porque hay que hacerlo, además, el ambiente donde vivió no propiciaba el progreso: hagas lo que hagas vivirás jodido toda la vida. Esto es vivir en el tercer mundo, en un país subdesarrollado. Luego entonces, su único motivo de esperanza e ilusión se centraba en un equipo de fútbol. Si su equipo ganaba, él se sentía feliz y acudía a La Estrella con seguridad, enjundia, gallardía. Un partido ordinario ganado por Vélez, para él representaba sentirse exitoso, digno, importante. Al siguiente fin de semana Vélez perdía y toda la existencia a Amaro se le complicaba, no tenía espíritu ni para ir a La Estrella. Los años siguieron pasando y Amaro empezó a envejecer, a sentir ciertos achaques, sin embargo, sentía que valía seguir viviendo en esas tristes condiciones de pobreza y enfermedad, por el solo hecho de ver algún día campeonar a Vélez.
Cualquier lector puede pensar que este hincha es un fanático, y sí, lo es. Los fanatismos son muy comunes en sociedades subdesarrolladas. Me fanatizo por un equipo o por un personaje, porque yo no soy nadie importante ni siquiera para mí mismo. No me asigno ningún valor, ni alcanzo a comprender que mi existencia debería ser lo más importante y debería esforzarme para vivirla lo mejor que pueda, no, mi mente lo único que asimila es que mi realidad, mi dicha, mi felicidad solo se logrará si mi equipo triunfa. Lo que significa que me siento tan nada, que para sentirme importante requiero el triunfo de algo exterior.
Cuando Vélez triunfó en 1968: “Pocos segundos después de ese cuarto gol, cuando Fioravanti anunció la finalización del partido, Amaro estaba de pie, lanzando trompadas al aire, dando saltitos y emitiendo discretos alaridos. Dio la tan jurada vuelta olímpica alrededor de la mesa, corrió hacia el ropero, eligió la corbata con los colores de Vélez y su mejor traje y salió a la calle, harto de ver todos los años, para esa época, las caravanas de hinchas de los cuadros grandes, que recorrían la ciudad…” Amaro resumió de forma magistral lo que representaba para él el triunfo de Vélez: “Si llevé una vida de mierda por lo menos voy a morirme saboreando una pizca de gloria.”
Amaro contrató un taxi y se gastó hasta el futuro aguinaldo, más, había que festejar a lo grande el triunfo de Vélez. Lo que para una persona razonable puede parecer un exceso, un descontrol, para un hincha fanatizado no lo es. Le gente al ver a un solo hincha festejar; le aplaudían, lo reconocían. Como Amaro nunca tuvo otro triunfo, otro motivo de vida, mejor dicho, nunca tuvo una vida propia, un proyecto personal de vida. Sentía que con este triunfo podía morir en paz. Y, al retornar a su humilde habitación, de tanta emoción, Amaro murió.
La figura de “El hincha” sigue reflejando parte de lo que somos como sociedad. No se trata de irnos a los extremos. El fútbol es un deporte apasionando y por supuesto que cada quien puede vivir esta pasión a su manera, empero, que mi felicidad dependa de un partido es una emoción exagerada y desequilibrada. Algo más, si cuando mi equipo gana un juego importante, en mis festejos me gasto todo mi dinero, o hasta gasto lo que no tengo, esto también es un descontrol injustificable. Ya no hablemos de las formas en los festejos. De manera honesta intente responderse la siguiente reflexión: qué sucederá y existirá en el alma de un individuo cuando la manera en que pretende festejar un triunfo estriba en aboyar un auto, voltearlo, dañarlo. Usted respóndase lo que considere, para mi es un salvaje que habita en sociedad, nada más que eso, un salvaje.



















