Las 110 mil mentiras de López Obrador
y el nuevo derecho de las audiencias
Por Héctor Yunes Landa*
Organizaciones civiles y agencias de monitoreo documentaron que el expresidente Andrés Manuel López Obrador acumuló más de 110 mil afirmaciones falsas, engañosas o no verificables durante sus conferencias matutinas a lo largo de su sexenio. Un promedio de entre 80 y 100 diarias.
Mentía tanto como respiraba. A pesar de ello, se erigió en dueño de la verdad y patriarca de la censura.
El martes pasado, la presidenta Sheinbaum anunció una propuesta para supuestamente garantizar lo que se conoce como el derecho de las audiencias en materia de contenidos en medios de comunicación.
La principal amenaza de esta propuesta consiste en que las nuevas disposiciones facultan a organismos reguladores para intervenir cuando se considere, por ellos mismos, que la información difundida es falsa o parcial.
Analistas, académicos y medios de comunicación coinciden en que esto otorga un poder discrecional peligroso para que el Gobierno morenista defina qué es "verdad" y qué es "mentira", abriendo la puerta para castigar voces incómodas, principalmente en radio, televisión y medios impresos.
La respuesta de la oposición fue tan concreta como certera: que las disposiciones también se apliquen a la ‘mañanera’ presidencial. En respuesta, Claudia Sheinbaum se lanzó contra la propuesta, desafiando a sus críticos: “Que no la vean, tienen esa decisión, ver o no ver la mañanera”.
Entonces, ¿por qué ella misma, su gobierno y la feligresía morenista no hacen uso del mismo derecho? ¿Por qué no dejan de ver y escuchar los noticieros y de leer los periódicos que les resultan tan incómodos?
Nuevamente el gobierno de Morena pretende ser dueño de la verdad a través de una trampa llena de mentiras.
Si en verdad lo que pretende el gobierno de Morena es garantizar el derecho de las audiencias a la verdad, entonces ¿por qué desaparecer al INAI? ¿Por qué reservar la información por lustros de lo gastado en obras como el Tren Maya, la refinería de Dos Bocas o el aeropuerto Felipe Ángeles? ¿Por qué ocultar los contratos millonarios y los negocios de connotados funcionarios morenistas?
La historia nunca falla. Cada vez que un gobierno anuncia que protegerá a los ciudadanos de la desinformación, se trata de un atajo hacia la censura. Ningún gobierno resiste la tentación de convertirse en dueño de la realidad a través de una narrativa que no es información, sino propaganda.
Se presenta como una causa noble —garantizar información veraz—, pero esconde la furia acumulada de un régimen que ha sido exhibido por su corrupción y sus vínculos con el crimen organizado. Entonces, ¿quién protegerá a los ciudadanos de la desinformación del propio gobierno?
En su desvarío por imponer la censura, la presidenta y su gobierno olvidan que la verdad se ha esparcido como un tsunami. La violencia en las calles, las decenas de miles de personas desaparecidas, el desabasto de medicinas, el brutal endeudamiento público, el enriquecimiento voraz, lo vivimos todos los días; no requieren de la televisión para que lo sepamos.
¿Acaso también pretenden censurar a millones de mexicanos?
La puntita
El escándalo en la UNAM por su examen de admisión es mucho más grave de lo que parece. Estamos ante una generación que luego de ocho años de morenismo, aprendió que hacer trampa es más redituable que estudiar. Que no se necesita del conocimiento y la preparación para ocupar un cargo público o volverse millonario. Los ejemplos sobran.
*Presidente de Alianza Generacional por Veracruz
















