DIECISÉIS AÑOS DE LIBROS, LECTURAS, ESCRITURA Y CONTINUAMOS. (II)
“Giovanni Papini: Dante Vivo.”
Por Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez.
El acto de leer automáticamente te conduce al acto de imaginar. En el instante que estás imaginando, instintivamente ya te encuentras sintiendo, fantaseando, creando, ficcionando. En todos estos años de lecturas y escritura he tenido la oportunidad de vivir a través de los libros muchas aventuras. Por eso cada mes de mayo que celebro el poder seguir leyendo y escribiendo artículos literarios, selecciono a un escritor que me marcó desde la primera vez que lo leí. Mi primer encuentro con Giovanni Papini fue gracias a mi querido y finado amigo Marduck, quien me regaló una hermosa edición del libro: “Historia de Cristo” allá por el 2015. Esta obra la leí con enorme agrado, pensé que todo interesado en la vida de un personaje tan influyente y determinante en nuestra civilización como lo es Jesús de Nazaret, debería leerla. Papini hace que acompañes a Jesús de Nazaret en sus andanzas, enseñanzas, lugares, milagros realizados, encuentros históricos con personajes como Juan el Bautista, o te relata cómo va conociendo a sus discípulos, por supuesto que el lector estará con Jesús en el momento de su último respiro y en el glorioso instante de su resurrección.
En esta ocasión el método de lectura es muy similar, solo que ahora Papini con: “Dante Vivo” nos llevará a vivir al lado de uno de los poetas más grandes que ha tenido la humanidad; Dante Alighieri. Si en la “Historia de Cristo” publicada en (1921), el autor nos traslada a vivir a Tierra Santa en la época de Cristo, y en “Gog”, (1931), nos hace viajar por muchos lugares donde Gog platica con Freud, Lenin, etc., ubicándonos preferentemente en tiempos recientes. Con “Dante Vivo” (1933), Papini retorna a tiempos muy antiguos y el lector habitará en los años finales del siglo XIII y los primeros años del XIV y disfrutará la compañía del genial vate florentino.
Al mismo estilo que la “Historia de Cristo”, la obra es una biografía novelada. Como toda biografía bien documentada, Papini señala las fuentes de su información, cita un sinnúmero de libros, autores, su aparato crítico es amplísimo, sin embargo, desde el inicio se nota claramente que a partir de la información documentada el autor reinterpreta lo que se sabe de Dante o lo que se decía o lo que se creía de él. Algo que resulta atrapante es que Papini no solo analiza y estudia a Dante como el inigualable poeta que es, asimismo, ahonda en Dante el hombre, en el Dante que tuvo aciertos y errores. En este apartado aclara el autor que Dante al ser tan maravilloso, sus reconocidos estudiosos se han dedicado a mostrar al genio poético casi casi como un ser inmaculado, mas, Dante fue un hombre y como tal cometió tantos errores como Cervantes, como Shakespeare, como cualquier humano que camina en la calle y no tiene un nombre con fama:
“Más tú, Dante, bien que no te faltaran defectos, no eras ni hipócrita ni charlatán. No componías tu cara para inspirar reverencia o infundir terror a las turbas. Eras teólogo, eras filósofo, eras profeta y sobre todo otra cosa, eras poeta, y tenías tus horas y tus jornadas de retención del espíritu de recogimiento solitario y, quizás, de éxtasis. Pero también eras hombre y hombre completo, con todas las concupiscencias, las fantasías, las tentaciones, las debilidades que albergan en el hombre no del todo libre del fermento de la sangre y del peso de la carne…Eras un hombre, Dante, y has sido joven. Y yo, en vez de verte siempre con la cara inclinada sobre los pergaminos o con el ceño severo de la meditación, me complazco en verte también en los momentos humanos, y hasta demasiado humanos, de tu vida ordinaria y familiar.”
Esta actitud y característica humana de acertar y errar, de amar y aborrecer, de las dualidades en la vida de Alighieri, las analiza Papini en dos facetas: por una parte, nos da a conocer hechos de su vida con la poca información que se conservó del vate italiano, y, por otra parte, analiza vivencias reales de Dante partiendo de lo que el propio autor narró en sus obras, ya sea en “La vida nueva”, “La Divina Comedia”, “De la Monarquía”, “El Convivio”, por lo menos estas son las obras más citadas.
Veamos un ejemplo: está muy estudiado y documentado que Dante tuvo fuertes conflictos con el Papa Bonifacio VIII, este conflicto provocó que Dante fuera desterrado de su amada Florencia en 1301 y nunca más podrá regresar a su pueblo. De hecho, Dante morirá veinte años después en Ravena extrañando y soñando con su querida Florencia. Por este tipo de actitudes y conflictos que Dante enfrentó con poderosos, algunos espíritus pequeños lo tacharon de ser un hombre orgulloso. La predisposición de juzgar a Dante como altivo se amplió al ir publicando su obra magna: “La Divina Comedia”. El lector debe recordar o saber que Dante inicia este libro en el infierno. Allí destinará a una enorme cantidad de personajes antiguos y contemporáneos a él. Es de esperarse que en el infierno ubicará al despreciado Papa Bonifacio VIII. Algo más, muchas personas que fueron cercanas a Dante, en algunos casos considerados amigos íntimos, también aparecen en el infierno. Aquí es donde Papini profundiza en su estudio y explica, mejor dicho, interpreta utilizando los documentos, testimonios, lecturas e investigaciones que realizó, porqué a esos amigos no los ubica en el paraíso o mínimo en el purgatorio. Lo que queda claro es que Dante pudo ubicar a algunos amigos en el infierno por ciertas diferencias que tuvieron, pero que, si bien Dante fue un hombre pecador, y que se le pueden atribuir pecados graves, jamás podrá acusársele de envidioso. Es decir, a ningún amigo de la vida real envió al infierno por envidia, porque ese pecado capital en Dante es impensable, permítaseme explicarlo con mayor claridad.
Toda la gente que rodeó a Dante fue siempre inferior en genio, en inteligencia. Dante lo sabía. Un pecado que sí se le puede atribuir a Dante, según Papini, es el orgullo. Empero, el pecado de orgullo en sí mismo evita o elimina que el orgulloso sea envidioso. ¿Por qué? Porque un orgulloso jamás podrá sentir envidia de un ser del cual siente que es inferior a él. Sentir envidia por un donnadie es rebajarse. Y mucho de razón tiene Papini en esta interpretación. Piense usted en algo tan simple: cuando alguien lo juzga, lo crítica, se enfurece y molesta porque usted hace algo, con la característica de que el acto que usted desarrolla no lo afecta en nada, entonces, ¿porque tanta molestia por su acto? ¿Porqué juzgarlo con tanta vehemencia? Considero que el acto de la envidia es el más vil y miserable.
Papini sostiene que un espíritu tan grande como el de Dante, por supuesto que cometió pecados, pero de los siete pecados capitales un alma grande regularmente comete estos tres: Lujuria, Ira y Orgullo. De la Lujuria, puede surgir el amor, de la Ira bien empleada se podría combatir la injusticia, del orgullo surge el hombre que se esfuerza por alcanzar una meta. ¿Podría surgir algo de un envidioso? ¿Qué se puede esperar de la pereza y la gula? En la historia de la humanidad nadie hubiera podido crear algo digno si hubiera escuchado las críticas, sino se hubiera opuesta a toda la mediocridad que lo rodeaba. Dante fue y es un grande no sólo por su innato genio, sino porque jamás volteó a ver o escuchar a los que en aquellos años lo criticaban y vituperaban. Para crear algo sólo se requiere una cosa: tener fe en sí mismo y trabajar mucho. He ahí el detalle: amar lo que se hace y esforzarse. Nada debe detenernos. He ahí la enseñanza de un grande.

















