TOÑO Y LA CASA ROTA
Por Manuel del Ángel Rocha
Resulta difícil de cubrir los
hoyos por donde se infiltra el sol inclemente en plena canícula, o los
chorretones de agua que desbarrancan con los aguaceros de septiembre. No hay
forma de parar nada. Si es el sol, Toño se trepa al techo de la casa de lámina
de cartón, a ponerle cartón, que no plástico, ni laminilla de latón de algún
anuncio de refresco o cerveza, para que no se filtren los rayos de luz. Porque
ponerle lámina de metal, vuelve un horno
la casa, a pesar que solo es un cuarto grande, donde todo se mezcla y todo se
sabe: olores, humores, dolores. Todo se
sabe y se comparte, unas veces hablando, otras veces callando. Es la casa rota de la familia Herrerías
Durango.
A pesar de que la casa siempre
había estado así, o mejor dicho, sin los agujeros en el techo y las paredes (también
de lámina de cartón), hoy con la ausencia de don Miguel, la casa ha desmejorado
mucho, aunque para ser ciertos, nunca estuvo mejor. Yo visitaba
a Toño, porque era el más oficioso de la familia, que lo comento, era muy dispareja. Pero también era el más atinado. Cuando hablaba, casi todos lo
oían. Bueno, no se si Gabriel el hermano menor, que siempre jugueteaba a
cualquier cosa, y cualquier cosa se le resbalaba. Era una familia muy grande y había de todo,
como en la tienda de rancho Alegre del tío
Chano. De todo, desde un alfiler, hasta un tractor. Pero eran coloridos y simpáticos.
Decían cosas que solo ellos entendían, y
a pesar de que circulaban mucho (en el
mismo lugar), transpiraban además sosería. Don Miguel acabo por irse un día, y
entonces la casa perdió su punto de
gravedad. Don Miguel era el papá (es), y todo giraba a su alrededor. La familia no sabe si
perdonarlo, o agradecer que les diera la vida. Su ausencia física, ha hecho que
muchos de los hijos rehúyan a sus responsabilidades, no saben como hacerlas, si acaso Toño.
Hoy la casa es victima del
abandono, aunque alguno de los hijos diga lo contrario. Siempre acuden al recuerdo del papá. Si no se hubiera ido; si hubiera hecho aquello; o si mejor hubiera
apoyado Héctor, hoy seria distinto. Para bien o para mal, siempre esta
presente. Su mujer, doña Rosaura, lo
perdona (ante dios es su padre, aunque yo
no lo pueda ni ver).
Cabe señalar que en la institución familiar, el
estigma de abandonar el rol
masculino, por la razón que sea, cala
hondamente. Es un daño que muchas veces
se oculta, pero que en otras, como en la
familia Herrerías Durango, es evidente.
Los daños ocultos están a la vista, la casa rota muestra que el abandono paterno en la familia
nuclear, ocasiona daños profundos y
también colaterales, porque no todos los hijos asumen su responsabilidad. De
entre todos (hijos y madre), alguien tiene que asumir el rol que recaía en el
padre. Alguien tiene que dejar la
actividad que hacia, y asumir el compromiso de la nueva carga; la casa.
Hoy en la casa rota, Toño no es el mayor, pero si el mas laborioso, tiene que
jugar ese rol, y volverse el
protagonista en la familia. Porque la imagen de la casa, es
de incapacidad para adecuarse a las
nuevas necesidades. Existe por parte de los vecinos una sensación de que
la nueva realidad para la familia, devino en incumplimiento de sus nuevos
roles, que muestran la dependencia a don Miguel. Que no han podido superar. Hoy
ante la necesidad de cohesionar a la familia, la importancia de Toño es palpable,
por encima de los otros, que a pesar de ser incondicionales, sus funciones
son apenas orgánicas, elementales. La
ausencia del padre tiene un impacto casi traumático en la familia, pero también
una oportunidad para demostrar que, “hoy
puede ser el gran día, un ejemplar único……, no lo mires por la ventana,…..hoy
puede ser un gran día y mañana también”: (Serrat, Hoy Puede Ser El Gran Día).