miércoles, 6 de agosto de 2014

ACONTRACORRIENTE

TOÑO Y LA CASA ROTA

Por Manuel del Ángel Rocha

 

Resulta difícil de cubrir los hoyos por donde se infiltra el sol inclemente en plena canícula, o los chorretones de agua que desbarrancan con los aguaceros de septiembre. No hay forma de parar nada. Si es el sol, Toño se trepa al techo de la casa de lámina de cartón, a ponerle cartón, que no plástico, ni laminilla de latón de algún anuncio de refresco  o cerveza,  para que no se filtren los rayos de luz. Porque ponerle lámina de metal,  vuelve un horno la casa, a pesar que solo es un cuarto grande, donde todo se mezcla y todo se sabe: olores, humores, dolores.  Todo se sabe y se comparte, unas veces hablando, otras veces callando.  Es la casa rota de la familia Herrerías Durango.

A pesar de que la casa siempre había estado así, o mejor dicho, sin los agujeros en el techo y las paredes (también de lámina de cartón), hoy con la ausencia de don Miguel, la casa ha desmejorado mucho, aunque para ser ciertos, nunca estuvo mejor. Yo  visitaba  a Toño, porque era el más oficioso de la familia, que  lo comento, era muy dispareja. Pero  también era  el más atinado. Cuando hablaba, casi todos lo oían. Bueno, no se si Gabriel el hermano menor, que siempre jugueteaba a cualquier cosa, y cualquier cosa se le resbalaba.  Era una familia muy grande y había de todo, como en   la tienda de rancho Alegre del tío Chano. De todo, desde un alfiler, hasta un tractor. Pero eran coloridos y simpáticos. Decían cosas que solo ellos  entendían, y a pesar de que  circulaban mucho (en el mismo lugar), transpiraban además sosería. Don Miguel acabo por irse un día, y entonces  la casa perdió su punto de gravedad. Don Miguel era el papá (es), y todo giraba  a su alrededor. La familia no sabe si perdonarlo, o agradecer que les diera la vida. Su ausencia física, ha hecho que muchos de los hijos rehúyan a sus responsabilidades,  no saben como hacerlas, si acaso Toño.

Hoy la casa es victima del abandono, aunque alguno de los hijos diga lo contrario. Siempre  acuden al recuerdo del papá. Si no se hubiera ido; si  hubiera hecho aquello; o si mejor hubiera apoyado Héctor, hoy seria distinto. Para bien o para mal, siempre esta presente. Su mujer, doña Rosaura,  lo perdona (ante dios es su padre, aunque yo no lo pueda ni ver). 

Cabe señalar que  en la institución familiar,  el  estigma de abandonar  el rol masculino,  por la razón que sea, cala hondamente. Es un daño que  muchas veces se oculta, pero que en otras,  como en la familia Herrerías Durango, es  evidente. Los daños ocultos están a la vista, la casa rota  muestra que el abandono paterno en la familia nuclear, ocasiona  daños profundos y también colaterales, porque no todos los hijos asumen su responsabilidad. De entre todos (hijos y madre), alguien tiene que asumir el rol que recaía en el padre. Alguien tiene que dejar  la actividad que hacia, y asumir el compromiso de la nueva carga; la casa.

Hoy en la casa rota, Toño no es  el mayor, pero si el mas laborioso, tiene que jugar ese rol,  y volverse el protagonista en la familia. Porque la  imagen de la  casa,  es de incapacidad para adecuarse  a las nuevas necesidades. Existe por parte de los vecinos una sensación de que la  nueva realidad para la familia,   devino en incumplimiento de sus nuevos roles, que muestran la dependencia a don Miguel. Que no han podido superar.  Hoy  ante la necesidad de cohesionar a la familia,  la importancia de Toño  es palpable,  por encima de los otros,  que  a pesar de ser incondicionales, sus funciones son apenas  orgánicas, elementales. La ausencia del padre tiene un impacto casi traumático en la familia, pero también una oportunidad  para demostrar que, “hoy puede ser el gran día, un ejemplar único……, no lo mires por la ventana,…..hoy puede ser un gran día y mañana también”: (Serrat,  Hoy Puede Ser El Gran Día).