domingo, 28 de junio de 2026

 


Siembras que sostienen el alma y cosechas que hablan de ti 

Por Ruan Angel Badillo Lagos 

¡Hermosa la pluma del mensajero que trae buenas nuevas! 

Quien siembra en abundancia cosechará también en abundancia. No se trata solamente de sembrar semillas en la tierra; se trata de sembrar tiempo, amor, entrega, paciencia, obediencia, responsabilidad y esperanza. La cosecha no siempre llega de inmediato, pero casi nunca es fruto de la casualidad. 

No eres tú quien sostiene la raíz, sino la raíz quien te sostiene. Con frecuencia se intenta cargar la vida en solitario, como si nada dependiera de Dios, del proceso, de la experiencia o del esfuerzo silencioso que nadie aplaude. Sin embargo, la vida responde y la raíz sostiene. Lo sembrado con fidelidad termina por convertirse en apoyo para los días difíciles, fortalece el carácter y prepara el futuro. 

Dos hijos, una misma oportunidad; dos caminos distintos 

Una historia cuenta que un hombre tenía dos hijos. Los llamó con propósito, amor y responsabilidad. 

—Ven a ayudar a sembrar. 

El mayor respondió de inmediato con palabras agradables: 

—Ahorita voy. 

La respuesta sonó positiva, pero el tiempo pasó y nunca fue. Quedó la intención, aunque faltó la acción. Permaneció el después y se perdió el hoy. El menor reaccionó de otra manera. No fingió ni buscó endulzar sus palabras.  

—No quiero ir. 

Todo parecía terminar ahí: rechazo, resistencia y excusas. Sin embargo, existe algo que distingue a quienes cambian: el arrepentimiento verdadero. No el remordimiento que solo produce dolor, sino aquel que impulsa a levantarse. Después cambió de actitud, fue a sembrar con su padre, participó, se ensució las manos y entregó su esfuerzo al proceso. Entonces llegó una cosecha abundante. 

¿De cuál de los dos hijos quieres ser? La pregunta no señala únicamente a la historia, sino también a la vida, la familia, el trabajo y la fe. Existen dos maneras de responder al llamado. Una pertenece a quien siembra en abundancia, es decir ayuda, cumple, se involucra y participa en lugar de limitarse a prometer. La otra corresponde a quien dice sí, pero no colabora; posterga, se excusa y ofrece palabras sin verdadera disposición para sostener el propósito. 

Quizá también han existido momentos del hijo mayor como, por ejemplo, decir: “ahorita voy”, “luego veo”, “más adelante”. Tal vez también han aparecido actitudes del menor como, por ejemplo, mencionar: “no quiero”, “no me nace”, “no es mi problema”. Sin embargo, esta historia recuerda una verdad esperanzadora, todavía es posible corregir el camino. Todavía existe la oportunidad de levantarse. Todavía puedes decidir sembrar. 

Hoy no hay una presión, sino una invitación. Nadie pide perfección; se pide coherencia. 

Sembrar en abundancia no significa hacerlo todo. Significa actuar con corazón, respeto, constancia y verdad. Si alguna vez las fuerzas parecen insuficientes, vuelve a la raíz: no eres tú quien la sostiene; la raíz te sostiene. Cuando uno se rinde al proceso, confía y persevera, nunca camina solo. La vida y Dios, para quien así lo cree, sostienen aquello que cada persona decide cultivar. 

Por eso, toda cosecha comienza con una decisión. Al final, el fruto no depende únicamente del clima, sino también de lo sembrado con las manos, el carácter y la fe.