Los Políticos
ESCOGER LAS BATALLAS
Por Salvador Muñoz
Gobernar también significa aprender a administrar el tiempo, los silencios y hasta los pleitos. Un gobernante que responde cada golpe termina gobernando al ritmo que le marcan sus adversarios; uno que ignora todos, corre el riesgo de parecer ajeno a la realidad. El oficio está en saber distinguir qué merece una respuesta y, sobre todo, qué exige una solución.
Quizá por eso resultan interesantes dos asuntos que Rocío Nahle abordó prácticamente al mismo tiempo. Para la metralla política tuvo una definición: “Yo tengo que trabajar y cuidar el nivel político, la investidura como gobernadora de Veracruz”. Para el posible cierre del Ingenio San Pedro, en cambio, hubo llamadas, reuniones, acercamiento con trabajadores y productores, comunicación con la presidenta Claudia Sheinbaum y una frase que encierra una concepción del papel del Estado: “Los ingenios tienen una responsabilidad y actividad social”.
Son dos escenarios distintos, pero permiten observar algo que resulta fundamental en el ejercicio del poder: escoger las batallas.
Desde que llegó al Gobierno de Veracruz, Nahle ha enfrentado una oposición que no necesariamente transita únicamente por los partidos políticos. Hay personajes, grupos y voces que cuestionan su administración, su pasado como secretaria de Energía e incluso asuntos relacionados con su familia. Arturo Castagné es hoy probablemente el rostro más visible de esa confrontación.
La gobernadora ha decidido no convertir ese diferendo en el centro de su agenda. Podrá discutirse si cada señalamiento merece o no una respuesta puntual –en democracia, quien ejerce el poder siempre estará obligado a rendir cuentas– pero también es cierto que una gobernadora no puede convertir cada conferencia, cada entrevista y cada jornada de trabajo en una réplica permanente a sus adversarios porque responder todos los días también significa conceder al otro la posibilidad de fijar la conversación pública.
Y ahí aparece San Pedro.
El anuncio del Grupo Porres sobre el cierre del ingenio no genera quizá el mismo ruido político en las redes sociales, pero sus consecuencias pueden ser infinitamente más importantes para miles de veracruzanos. Un ingenio no son solamente terrenos, maquinaria, calderas y balances financieros. Alrededor de él existe una cadena que comienza con el productor de caña y continúa con cortadores, transportistas, obreros, proveedores, comerciantes y familias enteras cuya economía depende directa o indirectamente de cada zafra.
Por eso resulta relevante que Nahle no haya asumido la posición cómoda de considerar el cierre como una decisión estrictamente empresarial.
“Nosotros no podemos cerrar ese ingenio”, dijo al explicar la dimensión económica que tendría para Los Tuxtlas y la Cuenca. La expresión puede sonar extraña tratándose de una empresa privada, pero revela el tamaño del problema: jurídicamente podrá pertenecer a particulares; social y económicamente, su funcionamiento trasciende por mucho a sus propietarios.
El Gobierno no puede obligar eternamente a un empresario a permanecer en un negocio que ya no desea. Tampoco tendría sentido sostener artificialmente una empresa inviable con recursos públicos. Pero entre esos dos extremos existe un enorme espacio para la política: negociar, buscar inversionistas, facilitar acuerdos, involucrar a la Federación y encontrar alternativas para impedir que una decisión privada termine convirtiéndose en una crisis pública. Eso es precisamente gobernar.
Nahle parece haber entendido que el cierre de San Pedro sí es una batalla que merece gastar capital político. Incluso ha llevado el problema hasta la Presidencia de la República y esta semana deberá intervenir la Secretaría de Agricultura para explorar alternativas.
Falta mucho para cantar victoria. El ingenio sigue siendo un problema y su eventual recuperación dependerá de números, acuerdos y decisiones empresariales, no solamente de voluntad política. Pero hay una diferencia sustancial entre esperar a que cierre para administrar las consecuencias y actuar antes para intentar evitarlo.
Al final, quizá de eso se trate también el ejercicio del poder: saber dónde poner la atención.
Porque habrá acusaciones que puedan esperar una conferencia más, una respuesta más o incluso quedarse sin ella.
Una zafra perdida no espera.
Y miles de familias tampoco.
