AL ESTILO MATHEY
• El periodismo, oficio apasionante pero comercial
• Fácil decir “bien maiceados”, “¿de parte de quién?”
• Entre maiceados y maiceadores se vean, ¿quién lo creyera?
Por Gustavo Cadena Mathey
Buen día, apreciado lector:
Siempre se dijo —y se comprobó en carne propia— que el periodismo hace y deshace ídolos.
Construye y destruye personajes, a veces con la misma facilidad con la que uno cambia de café a té cuando el estómago protesta.
A este reportero siempre le ha gustado leer o escuchar que el periodismo es un oficio apasionante.
¡AY QUÉ TIEMPOS!
Nos tocó la época del periodismo impreso, voceado, de ese que olía a tinta fresca y a prisa verdadera.
Voceado con picardía y veracidad, como nadie lo hizo jamás en mi pueblo, como lo hacía mi hermano Pedro Cadena Mathey allá por las calles de Acayucan:
con la voz firme, el paso ligero y la mirada de quien sabía que traía la noticia antes que nadie… aunque fuera la del clima.
O como Don Chucho Alegría, con su biciclo, su bocina y su incomparable voz de locutor, anunciando eventos en los años sesentas.
Un personaje que, si hubiera nacido en estos tiempos, seguro ya tendría canal de YouTube, patrocinadores y hasta un podcast de “historias del pueblo”.
Pero entonces bastaba su voz.
Y al paso del tiempo, con aquella película de comedia mexicana de 1941 ¡Ay, qué tiempos, señor don Simón! que estelarizó don Joaquín Pardavé, a nosotros los de entonces nos hacen vibrar los recuerdos…
y también nos hacen preguntarnos en qué momento cambiamos la bocina por el algoritmo.
Avanzando en el tiempo, ya en Xalapa, conforme paso de la popularidad de los deportes a los reflectores de la fuente política, empiezo a conocer las tentaciones del “chayote”.
Ese que manejaban los jefes de prensa autorizados por sus jefes de los gobiernos, para atraer las simpatías de los periodistas y los lectores, por supuesto..
Un sistema tan aceitado que, si hubiera sido maquinaria, todavía estaría funcionando sin hacer ruido.
DE “MAICIADOS” Y MAICEADORES…
Y llegamos a los tiempos de los puros honestos —porque ahora, según dicen, ya nadie se vende, nadie se deja, nadie cae— donde el Jefe Máximo (actual) se llenó la boca afirmando que aquellos gobiernos del pasado tenían “bien maiceados” a los de la prensa.
Como si hoy todos desayunaran únicamente avena moral y café sin azúcar.
Quién sabe si ese ídolo, ese “monstruo que conquistó multitudes” gracias a la prensa —y que también gracias a la prensa hoy anda más flaco de aplausos que mariachi en velorio— no habrá aportado también su “maíz”.
Porque fue tan creativo que se inventó otra forma mejor, bimensual y para todo el pueblo.
Eso sí: sin llamarle maíz, no vaya a ser que se note la milpa.
Lo cierto es que el periodismo también es empresa: se estudia, se prepara, se trabaja… y cuesta.
Produce simpatizantes, malquerientes y uno que otro que todavía cree que las notas no generan gastos, se pagan con “ahí luego te invito un café”.
Y uno, por educación, hasta dice que sí.
Por lo menos ya se advierte —¿usted ya se dio cuenta, avispado lector?— que hay muchos medios de comunicación, muy críticos por cierto, que ya anuncian actividades oficiales de los gobiernos y gobernantes.
La vida da vueltas, pero el presupuesto da más.
Alguna vez se tenía que hacer, ¿no?
Solo cambió el concepto, la interpretación… y quizá “el sobre”.
¡¡La prensa, unida…!!
Pero cada quien con su maíz artesanal, libre de transgénicos y con factura electrónica, no vaya a haber malentendidos.
Y PARA REMATAR…
Por otra parte, insistiré siempre: tengamos paz y armonía en el hogar.
Cuidemos el agua, las plantas… y ojo, también la democracia.
Porque igual que el WiFi, si no se protege, un día se cae y nos deja incomunicados.
Y la democracia, a diferencia del internet, no tiene repetidor.
¡Aguas!
Que luego andamos buscando señal donde ya no hay antena.
gustavocadenamathey@hotmail.com
(Premio Nacional de Periodismo)
