lunes, 9 de marzo de 2026


Opinión .

SHEINBAUM Y SU CONCEPTO DE REFORMA

Por Mario Javier Sánchez de la Torre 


Varias son las palabras que se pueden considerar

totalmente “manoseadas” como parte del lenguaje que la

representante del Poder Ejecutivo Claudia Sheinbaum Pardo

usa en sus aburridas mañaneras.

Además de: democracia y soberanía, de los que tiene una

interpretación muy personal, últimamente ha tenido que

incluir el vocablo: reforma. Del que también la acepción que

tiene, por la forma en que lo aplica esta como los citados

anteriormente muy alejados del significado real.

Sin adentrarnos en las definiciones estrictas de los

diccionarios como el de la Real Academia Española (RAE) y

otros más que existen con relación al rico idioma que se

habla en México, cuando se habla de reformar algo, lo que

sea, en el ámbito que sea, se da por sobreentendido que se

trata hacer un cambio. Y por lo general los cambios que se

hacen tienen el objetivo de mejorar lo que hay, lo que se

tiene y no empeorarlo. En otras palabras, que el género

humano en la mayoría de los casos que ha realizado alguna

reforma a lo largo de su historia ha sido para mejorar,


aunque desgraciadamente hay contadas excepciones, como

las estamos viviendo.

Y es, exactamente por esa equivocada interpretación que

tiene del concepto de reforma, el peligro que representa

para México y todos los mexicanos, la inútil, engañosa y mal

intencionada llamada pomposamente por los fieles

seguidores de la autollamada cuarta transformación (4T):

Reforma Electoral.

Ya que simplemente desde sus inicios por las malas

intenciones que contiene en contra de los partidos que viven

a expensas de la 4T, como son el Verde Ecologista de México

(PVEM) y el del Trabajo (PT), estos, no la han avalado.

Situación que a partir que se entregó la iniciativa

correspondiente el pasado miércoles 4 del mes en curso a la

Cámara de Diputados del Congreso de la Unión para que

inicien su análisis los legisladores, la situación y comentarios

sobre la citada reforma en lugar de aclarar sus intenciones,

las empeoró, por las incongruencias legales y de

procedimientos que en la complicada materia electoral

tiene.

Por citar solo algunas cuestiones: desaparición de

legisladores (lo que les pega a algunos partidos políticos,

pero lo más importante a la población minoritaria que

representan) y en el aspecto de la organización la

desaparición de parte de la estructura electoral, así como la

reducción de presupuesto para la operación de la elección.


Acciones que han provocado la inconformidad no

solamente de los partidos aliados, obviamente de los

opositores, pero lo más importante de la sociedad civil por la

forma en que la iniciativa presentada por Sheinbaum Pardo

veladamente expone la intención de fortalecer al partido

que pertenece y eliminar lo poco que ha quedado de la

incipiente democracia que se estaba viviendo en México

desde los años 90.

Estando tan consiente Sheinbaum Pardo de lo negativo de

su propuesta para México y los mexicanos, que en la

mañanera que expuso la reforma, desde ese momento

habló, de la existencia de un Plan “B”, para en el caso de no

aprobarse, entonces desmantelar al Instituto Nacional

Electoral (INE) a través de las leyes secundarias, que son las

únicas que podrán modificar por la cantidad de legisladores

que tienen en las cámaras.

Pero hasta donde se tiene entendido el concepto de

reforma es para cambiar, pero para bien, quitar lo que está

mal. No destruir lo que funciona, para que todo quede mal.

Ejemplo: como quedó el actual Poder Judicial, después de la

fraudulenta elección. Usted qué opina, estimado lector.

Hasta el viernes. noti-sigloxxi@hotmail.com (Fech. Púb. Lun.